martes, julio 19, 2011

IFE

“Me declaro oficialmente mudado”, le dije a Víctor.
No hay día en que no despierte y piense en ella. Así que tuve que llevarla conmigo.
Acomodé su retrato en el baúl que Tuss me regaló de alguna de sus mudanzas. La fotografía era de su credencial de elector. Recuerdo que un poco de Photoshop ayudó a quitar el desencanto provocado en la horrorosa imagen tomada por el IFE. La imagen, por cierto, fue tomada unos días después de que a mamá le avisaron que el cáncer ya estaba en su cuerpo. Recuerdo que corrió a los trámites urgentes por aquello del mentado seguro social. Entre ellos iba de cajón la credencial de elector que nunca le interesó tener. Solamente cuando le fue irremediable corrió al sitio y tomaron una fotografía donde, como siempre, lucían sus ojos tristes. Café claro. Ya colmados del miedo que le provocaba la enfermedad.
La fotografía es la única que me queda de mamá. La que más me gustaba, que ella misma arrancó de su título de modista (y que odiaba por mostrarle tremendamente ingenua a sus 17 años), me la robó mi tío José. A la muerte de mamá me quedé con ella. Algún día el tío la pidió para ampliarla y hasta la fecha no la he visto. Ni siquiera colgada en la sala de su casa en la colonia Azteca, donde solíamos ser vecinos.
Así que esta, la del IFE, es la única imagen que conservo.
Quizá, lo escribo sea a manera de un mea culpa pues la dejé olvidada cuando me ganó el amor y salí corriendo de la casa de Tolana. Ahora que cambio de dirección y que me mudo con Víctor lo primero que hice fue tomar el retrato.
Tomé el baúl. Metí en él todas las demás fotografías que conservo desde la primaria. Algunas de mi familia, mis hermanos. Mi padre. Mamá odiaba dejarse tomar fotografías. Odiaba a muerte la que le tomaron en su boda y cada que la veía colgada en la sala por puro gusto de mi padre, se daba de golpes en la pared. Aunque eso sí, la toleraba porque se veía el vestido de boda que ella misma se había confeccionado. Le encantaba. Estoy seguro que la fotografía la conservó a la vista solamente para presumir que portaba un conjunto hecho por ella misma.
Quién sabe qué habrá hecho papá con ese cuadro, por cierto. Adriana, la última esposa de mi padre (hasta ahora, pues), nunca tuvo problema de que el cuadro siguiera colgado hasta que se mudaron a su casa propia en Venta Grande.
Además de las fotografías al baúl también metí mi título profesional, algunos reconocimientos, igualmente la compilación de Mafalda regalada por Zeus en mi cumpleaños pasado. Agregué la última Rana René que mi madre me compró, hecha en fieltro. Puse igual ropa que aún usaba y terminé acomodando discos, películas, libros y objetos que considero esenciales. Cerré el baúl y Víctor me ayudó a llevarlo al auto. Dejaba la casa de Tolana que siempre me pareció un tanto fría a pesar de que tuvo potencial para llenarse de vida.
Dejamos el cofre aquél en el taller de Víctor. A la noche siguiente que hubo tiempo saqué una por una las cosas. Algunas sin uso tuvieron dueño de inmediato. Las importantes encontraron cabida en la que es mi habitación desde hace más de ocho meses. Y al final, ahí esperaba, al fondo del baúl la imagen de mi madre. Le limpié el polvo. Víctor le encontró un clavo sobre la escalinata de libros cercana a la ventana que da hacia la primera privada de Río Bravo. Colgué el retrato. Afiné la colocación para que se viera bien derecho. Me acosté en la cama. Y mi madre me observaba desde el flanco izquierdo.
“Sí. Ya me mudé”, le dije a Víctor.

jueves, mayo 26, 2011

Bienvenida






I can lead a nation…
With a microphone…
With a microphone…
Flobots / Handlebars



Vengo muerto.
Harto.
Aburrido.
Cansado.
De malas.
Quizá es porque siento que perdí mi tiempo.
Varias horas ahí sentado escuchando a Elba Esther Gordillo y a Felipe Calderón.

¿Suficiente para malhumorarse? Sí, y más cuando se escucha ese doble discurso que ya nadie se cree sobre calidad de la educación y de cómo sacar adelante a los chamacos. Sí, cómo no. Imposible cuando tienes a una líder vitalicia en el sector y encima, los profesores le rinden pleitesía como si fuera el mesías, como si ella fuera a efectuar el rapto de los 200.
Así, molesto escucho. Soy un metiche, lo siento.
Un compa de la imagen, fotógrafo pues se entera de una manta.
-No señor, yo no alcancé a obtener la imagen, pero podemos buscarla. Seguro alguno de mis compañeros la obtuvo.
-¿Narcomanta?-le pregunté a Castañares.
-No, algo contra Elba Esther. En un puente de la Vía Atlixcayotl. Pero la quitaron en chinga.
-No, pues si la ñora viene en helicóptero… ni cómo la vea.
Y sí, seguro Elba Esther ni se enteró.
Pero no todos estábamos muy contentos de que acá se le reciba tan bien.
Gajes del oficio.
Cosas que uno tiene que ver.
Bendito país.







martes, mayo 24, 2011

Me lo encontré en el diccionario...

Congruencia:

“…la congruencia también puede ser una forma de expresarse. Cuando un pensamiento o una idea es congruente con otro, eso señala que la persona que lo expresa es coherente y no genera ningún tipo de contradicción entre una parte y la otra. También la congruencia se puede dar entre el pensamiento, idea o forma de expresarse de una persona y otra.
Un texto, un enunciado, una frase y otras formas escritas también pueden volverse congruentes entre sí si buscan y logran expresar las mismas ideas o sentimientos. Cuando se pierde esa congruencia a veces las formas de expresión se vuelven desordenadas, inentendibles y contradictorias ya que no siguen una línea o pensamiento general”.

¿Tan difícil es?

viernes, enero 28, 2011

Rutina

Es rutina.
Sabes a qué hora toco a tu puerta.
Cuánto tardo en llegar de la oficina.
Sabes que podremos salir a cenar.
O hacerlo en tu casa.
Que podemos pasarnos horas viendo Six feet under.
Que no te puedo decir no si sirves un par de vasos old fashion.
Así como lo tomo: con whisky, agua mineral y hielos.
Tampoco digo no cuando me pides que te lea.
Cuando tengo un libro nuevo entre manos.
Que te ponga mi música, que te la pase a tu pastilla.
O cuando me pongo a actualizar el iPod que me regalaste en navidad.
Menudo reto, 160GB para mí solito.
(¡Ya llegué a las 5 mil rolas!)
Muero igual de ternura cuando me pasas tu pijama.
(Esa que irónicamente era de tu ex)
Si estoy cansado, si me ves molido, ni preguntas.
La aspirina, el café, el té, el baño, todo está listo.
Suena a codependencia, lo sé.
Pero me gusta.
No duermo, ni puedo, si no empiezo a abrazarte por mi flanco derecho.
Pongo mi brazo derecho bajo tu cabeza, como almohada.
“¡No se te duerme!”, has dicho siempre con esa cara de emoticón.
Te abrazo con el izquierdo.
La pierna izquierda igual te abraza.
Mi muslo sube hasta que roso tus nalgas.
Mis piernas te tocan.
Sientes mi pecho y tiras ese suspiro raro y gutural, desde tu pecho.
Y eso me indica que por fin podemos descansar, pero juntos.
Sí, es rutina.
Sí, quizá codependencia.
Pero nunca se sintió tan bien.

jueves, diciembre 23, 2010

Life happens

¡Jesús de Veracruz!Todo parece indicar que estoy a unos días de acabar el año.
Terminaba un texto sobre el balance general de los últimos seis años de nuestras vidas y me iba de espaldas. Hacía yo mismo las cuentas de lo que había perdido, arriesgado, ganado, acumulado, o desperdiciado en otro año. Mañana será nochebuena y hoy que estoy solo en la oficina, me viene entre tanta ligereza (provocada por entregar pendientes) el querer hacer un conteo de las cosas que creo que admití y aprendí de mí mismo en este año.

1. Me hirieron mucho en este año. Pero creo que perdoné y me perdoné, yo fui uno de tantos que me herí.
2. Conocí mucha gente valiosa. Y mucha gente me dejó entrar a su vida. Espero no defraudarlos, y espero sobre todo servirles de algo.
3. Por fin acepté en lo que se ha convertido mi familia. Dicen que la familia como el sol, mientras más lejos mejor. Yo he admitido por fin que cada uno de mis hermanos y mi propio padre jalan para su molino. Okey, no hay pedo. Yo lo haré para el mío. Lo siento, debí advertirlo.
4. Amigos son pocos. Muy pocos. Y eso lo confirmé este año. Escuché fases como la de “prefiero a un peso en la bolsa que un mejor amigo”, honestamente no la comparto. Prefiero a lo muy pocos pero muy buenos amigos que tengo.
5. Ahí la llevo. En cuestiones laborales me confirmo una vez más que mejor salen las cosas cuando uno se apasiona y se divierte. Los retos que cayeron este año han caído de perlas. Y si vienen más no hay bronca. A la chamba nunca hay que temerle. Hay que temer a no dar el ancho.
6. Admití que no quiero estar solo y que quería enamorarme. Por más que lo quisiera negar. Hoy mis pensamientos están ocupados y mis noches son tibias. En verdad enamorarse no hace mal. Y hacerlo de la persona indicada es de verdad muy gratificante.
7. Soy sumamente débil. Me someto a mis sentidos, me someto a la novedad. Nada de malo está gozar el momento, pero eso no implica que debo ignorar los sanos límites.
8. Me quiero. Así nomás. Me quiero y mucho.
9. Puedo querer. Puedo amar. Si me lo propongo doy mucho de mí y dejo de ser el egoísta de siempre.
10. Siempre, siempre, siempre sirve más una derrota. Se aprende muy bien de ellas.

“Cuesta lo mismo pensar negativo que pensar positivo”, me dijo un día Víctor.
La frase no se me va de la mente.
Por eso hago el recuento.
Quizá la lea en un año y me arrepienta de cosas que escribí, quizá no.
Life happens.

lunes, noviembre 22, 2010

Lista

-¿Y por qué yo?-salió en alguna ocasión la pregunta.
-Pues porque reunías los requisitos.
-...-
-Cuando hablaba con un chavo que me pretendía y al que no le hice caso, él preguntaba por qué no pasó nada. Así que hice la lista de lo que quería en mi siguiente pareja. Y ahí la tengo en mi negocio.
-...-
Dicho esto no volví a tocar el tema.
Días después, o meses, quizá, la lista ahí estaba.
Sobre su escritorio.
Databa de algún día de mayo de este 2010.
Faltaría poco más de mes y medio para que lo conociera. Pero él, sobre un post it ya había puesto las características que, según afirmaba, cumplí.
Serían las seis de la tarde.
Yo venía de darme la quincenal rebajada de mata con Doña Cuca, la única y fabulosa estilista de quince pesos que atiene allá por la Avenida Municipio Libre. Él estaba en friega con las agendas de doña Leonor. Abría la lap cuando encontré la dichosa lista.
Serían seis los puntos que cumplí.
Decía (y hago cita rigurosa y textual):

1. Que yo le guste mucho (físicamente hablando).
2. Cariñoso.
3. SexOSO.(x1000)
4. Disposición de tiempo.
5. Que la pareja sea su prioridad #1.
6. Que me guste a mí. :D


Honestamente, no pensé que en efecto existiera tal lista.
Y de verdad, no me lo propuse.
Pero la llené. Sin querer la llené.
Heme aquí.
Hoy, enamorado.
Con la mente revuelta por lo que venga.
Y que sea lo que sea.

lunes, noviembre 08, 2010

10 cosas por las que AMO/ODIO el Feis...

Cosas por las que quiero a Facebook



1. Que me entretiene en mis horas muertas.
2. Que es un chismógrafo bien chido.
3. Me pongo exhibicionista y me vale.
4. Que salgo muy cuco en mi foto de perfil.
5. Puedo poner en ridículo a mis amigos (incluso, cobrarles).
6. Puedo subir videos y musiquita desde YouTube. Claro, dependiendo de la conexión.
7. Que jala chido en la BlackBerry, en el iPhone, y demás.
8. Que me informo por los enlaces de compas bien letrados.
9. Porque mis cuates me comentan mis debrayes.
10. Que he retomado contacto con amigos hasta del kínder y familiares que hace rato no veo.



Cosas por las que odio a Facebook

1. Su chat.
2. Que me agreguen extraños (bueno, si su foto no está tan piñata, se las paso).
3. Que me etiqueten en fotos donde me veo de la patada.
4. Que me etiqueten en cosas que no me interesan.
5. Que mis fotos puedan ser usadas en mi contra (más en esas donde salgo de Jitomata en pleno Jalowin). Aún con todos los candados del mundo se pueden obtener mediante triangulación.
6. Que la gente saque conjeturas de mi vida porque ve determinada publicación (¿por qué no tienen los huevitos pa’ preguntar?).
7. ¡Que me cobren en mi muro!
8. Odio, sobre todo, a aquellos que suben su vida segundo a segundo (Que si ya cagaron, que si ya cogieron, que si ya comieron. Who cares!?)
9. Odio en demasía FarmVille y demás juegos.
10. Odio que bien se podría definir como “una fiesta con los mismos borrachos”.

viernes, octubre 29, 2010

Control de calidad

Algo me dice que, mientras más me conoce, más temor le da seguir a mi lado.
No lo ha dicho. No lo dirá. Así es él. “Esto me gusto, esto quería, ahora me aguanto”.
Esa frase se la he escuchado infinidad de veces.
Seguramente la aplica ahora mismo que conduce hacia el trabajo.
Y temo.
Ahora temo.
No quiero que me venzan los temores.
Ya me pasó una vez. Y no quiero que vuelva a suceder.
Hoy algo me noqueó de frente.
Luzco como tal. Ni me peiné, no puse tanto análisis en lo que uso hoy.
Veo mi cara en el reflejo de la lap. No espero a que el café se enfríe y sorbo con todo conocimiento de que tendré el hocico en llamas.
En algún verso de Mike Shinoda escuché que la parte más difícil de acabar es empezar de nuevo.
Nada más cierto.
Qué difícil es empezar de nuevo.
A casi cuatro meses de conocerlo, hoy me doy cuenta.

miércoles, octubre 13, 2010

Criminal


“¡Ah chingá…! ¡Se paceré un chingo a mí!”.
Bueno, eso fue lo que dije cuando vi que Karlita, ex alumna mía de AS Media, fanática de The Beatles a morir, me había etiquetado en una fotografía en su perfil de Facebook.
La foto correspondía a un tipo...
Barbón, como yo.
Medio mal encarado, como yo.
Vestido de traje negro y con camisa blanca, como yo cuando grabábamos el programa de tele de Revista 360 Grados.
Me fui de espaldas. Era yo.
O pensaba que era yo.
El wey ese era igualito a mí, pero tenía mis dudas.
Solamente fallaban mis labios carnosos (jo), que no estaban o medianamente difuminados se perdían.
Ah y el tipo tenía tremendas entradotas.
Vaya, soy calvo prematuro pero esa era una pista de patinaje para moscas.
A leguas había photoshó en eso.
Y no estaban mis ojecitos que habrían sido la clave para confirmar.
En fin.
Que le comento a la Karlita en su Facebook lo asombrado que estaba.
Ella y medio salón de ex alumnos insistían en que sí, el profe Mundo ahistaba de modelito en un cartel de un congreso de Merca en el Tec de Monterrey.
Pero no me quedé con la intriga. Casualmente a la oficina llegó Patiño, el fotógrafo de la revista. Autor material de esa foto y le reclamé así sin salivita y de jalón por andar vendiendo material mío.
“Ah chingá… no pues sí eres tú. Y la foto sí la tomé yo”.
Patiño se lavó las manos porque él había rolado ese material con la casa productora. Y ahí cayó el veinte. Por conexiones que se hicieron la casa productora y la que diseñó la publicidad del congreso tenían archivos en común. Ahí estaba la clave y el monito ese sí era yo.
Los ojos no se notaban porque le habían puesto una banda con el nombre del congreso: “Criminal ideas!”.
Aunque eso sí, no me veo tan pior.
Nada para inflar el ego como que te usen (aún sin saber) para carteles y anuncios.
Qué mamón.
Terminé de modelo involuntario.

jueves, septiembre 23, 2010

VCR

You, you used to have all the anwsers.
And, you, you still have them too.
And we, we live half in the daytime.
And we, we live half in the night.


VCR / TheXX.

Used to

A veces, cuando estoy ebrio, me pongo sentimental.
A veces me parte el corazón pensar en toda la gente que no sigue en mi vida.
A veces, con solamente una cerveza encima, me pongo muy mal.
A veces me aligera el tener certeza de que todos ellos ya no están.
A veces, cuando hablamos de Whisky, puedo soportar cantidades industriales de alcohol.
A veces me duele que pregunten todavía por ti.
Antes necesitaba alcohol para olvidarte.
Hoy lo tomo para celebrar que te fuiste.

lunes, septiembre 13, 2010

Dog days are gone

The dog days are over
The dog days are done
Can you hear the horses
Cuz they there come
Florence
+ The Machine // Dog days are over

Lo pidió tres veces.
Me ganó.
Yo lo tenía pensado, casi a la semana de
conocerlo.
Pero me ganó.
Y me ganó más la sorpresa.
Fue de mañana.
La luz aún no le lastimaba los ojos.
Los ojos claros lucían sinceros. Como
nunca.
Serían las siete de la mañana o un poco más.
Todavía traía los
espejuelos. Ambos aún olíamos como buenos parroquianos del Cananas.
Y
madres.
Lo soltó.
-Mucha gente me ha dicho que fácilmente pueden
enamorarse de mí-dijo.
Yo aún tendría un poco del ron encima. Habíamos
bebido una botellita completa entre él, Miriam y yo.
Pensé que el diálogo
iniciaba con una frase socarrona. Me sonó vanaglorioso el comentario. Yo todavía
solté un irónico: “¿Ah sí?”. Ni me imaginaba para dónde iba la conversación.
-Sí. Eso me han dicho.
-Que es fácil enamorarse de ti…-completé
confirmando lo que acababa de escuchar.
-Sí. Por lo tanto, es muy difícil
que yo me enamore de alguien. Y ese alguien eres tú.
Pensé de todo.
Horas atrás, en el bar jugamos con cambiar los estados de Facebook. Jugamos
con avisar casi con remitente a nuestras ex picadas y demás “exes” el memo ese
que diría “Not available”. Nos besamos en pleno bar que cada vez parecía más
tugurio de ambiente. Y volvió a pedir lo que una vez pidió algo borracho.
-¿Entonces es en serio?-le dije.
-¿Pues qué pensaste? ¿Que las otras
veces que te lo dije no iba en serio?-respondió.
“Odio que me respondan con
otra pregunta”, diría el personaje de Isabel en “Las musas huérfanas”.
Y lo
más curioso es que con mi respuesta. Con la respuesta que le di a Víctor. Yo
mismo me respondí con muchas preguntas.
Ya las respuestas se irán dando.
Que ahora siento que los días dignos de un perro se han marchado.

lunes, agosto 30, 2010

De los muertos vivientes

Llegaron noticias desde el inframundo.
Y yo no sé qué pasa con esos zombies.
Que se dan por muertos y reviven para atosigar.
Que preguntan desde su sueño eterno por mí.
Que deambulan en la melancolía.
Que marcan al Nextel en las madrugadas.
Que solamente son valientes para hablar vía Inbox.
Increíblemente he vuelto a orar.
Y ha sido por su descanso.
Que Dios los bendiga.
Pero que no vuelvan.
Porque soy muy feliz bailando sobre su tumba.

sábado, agosto 21, 2010

Warm up

The Tavern.
Bulevar Sánchez Pontón.
Madrugada del sábado 21 de agosto.
Mesa para cuatro en terraza.
El plan cambió al decir “sí” alrededor de las nueve de la noche en la oficina.
Un extranjero atendía, al parecer era el propietario. Hablaba un español chistoso, desparpajado, folclórico pero amable.
Mi mood realmente era incierto tirando a de malas.
Añorando aromas, el calor de mi cama, y obvio su compañía.
Tuss lidiaba con su depre.
El Cheus le administraba su terapia.
(“Nunca nadie se acercó tanto a entender lo que siento”, dijo ella)
Xu admitió algo bien cagado:
-Tenía años que no te veía así. Pero mucho, mucho tiempo. Me da gusto.
-Ah chingá… ¿cómo me veo?
-Wey, obsérvate.
Inmediatamente me volteé a ver. Era yo miserable porque no traía saldo en el cel. Porque el Nextel andaba sin batería. Porque no podía comunicarme ni mandar mensajes con destinatario bien conocido. Tenía la jeta que ponía el Gato con Botas de Shrek. Las manitas dobladas, sobándomelas una con otra. Con la boca apretada y las cejas hechas un acordeón.
No pude decirle más a Xu.
Le di la razón.
“Sí, se me olvidó cómo se sentía”, le dije.
Fuck, I’m in love.

sábado, agosto 14, 2010

La vida es un pic nic*

Llegó un miércoles.
Era de noche.
Esperaba paciente afuera de la casa.
Yo salí en chanclas, con pants y sudadera.
Él solamente iba por una taza de café.


Hoy tengo miedo de salir otra vez
Tengo miedo de encontrarte como aquella vez
Los nervios me traicionan me derrota el stress
Sé que puedo arrepentirme después


El día que le puse “Rootless tree” se quedó frío.
El día que se quitó los espejuelos me quedé con la boca abierta.
Nació en mí una cara de idiota que sigo sin quitarme.


Hoy tengo miedo de salirte a buscar
Tengo miedo de poderte encontrar
Tengo miedo de tus ojos
Tengo miedo de hablar
Tengo miedo de quererte besar


Yo tengo daltonismo.
Pero él tiene fotofobia.
Usa gafas la mayor parte del tiempo.
Carga más de dos pares con él.
También tiene miopía y astigmatismo.


Me digo:
No seas tonto
No seas tan escéptico
No trates de escapar


Sus manos son casi iguales a las mías.
“De heredero, de junior”.
De trabajo intelectual pues, con esas marcas del mouse, de darle duro a la tecla, de la pluma en algunos de sus dedos.
Sus pies son del mismo tamaño que los míos.
Es friolento.



Hoy tengo miedo de volver a bailar
Tengo miedo que te puedas burlar
Me dan miedo las personas no quiero manejar
Tengo miedo que me pueda gustar


Tiene 30.
Y una espalda hermosa.
Barba rala. Un tanto pelirroja cuando la deja más larga.
Se le resecan los labios fácilmente.
Casi no tiene vello en el pecho y el poco que le aparece se lo quita.
No es precisamente pálido, pero es blanco.


Hoy tengo miedo de salir otra vez
Tengo miedo de volver a caer
Tengo miedo a las mentiras
Ya no tengo más fe
Tengo miedo de volver a creer


Habla un tanto alto.
Pausado.
Su voz es grave sin ser dura.
Pocas veces lo he visto exaltado.
Cuando atropella palabras solamente es por ansiedad.


Y digo:
No seas tonto
No seas tan escéptico
No trates de escapar



Es serio. Tranquilo.
Mucho muy reservado.
Y creo que eso me gusta.
“No quiero contarte mis cochinadas”, me dice.



No todos son tan malos.
No todo está mal.
No todos son villanos queriéndote matar.
No todo está perdido ni se va a acabar.


El miércoles volví del DF.
Yo estaba muerto.
(Él, igual o peor)
Marcó al celular.
Preguntó dónde estaba la oficina.
Pasó por mí.
Llovía.
Subí a su auto.
Y me tenía la cena.
Desde que lo conocí pienso muy distinto.


La vida es un picnic.



_____________
*Clic aquí para la rola de Fobia, "Hoy tengo miedo".

lunes, agosto 09, 2010

Hoy no, por favor

Give me a long kiss goodnight
and everything will be alright
Tell me
that I won't feel a thing,
So give me Novacaine
_____________________
Green Day


Carajo.
Hacía rato que no me dejaban tan pendejo con una frase vía Messenger.
“Mundo, por favor, hoy no te enamores”.
¡Madres!
Así. Y Sin cremita.
Contundente en una línea.
Así me lo soltó la Tuza.
Hija de la tostada.
Me dio en la madre cuando yo apenas tomaba impulso.
Me bajó a la realidad y yo aún ni inflaba el globo de helio.
Fue un pinchazo sin alfiler. Un pellizco sin índice ni pulgar. Pinche nocaut.
“No. Tranquila Tussi. No va pasar. Ni mañana tampoco, te lo aseguro”. Eso le respondí.
Y desapareció la ilusión.
Y qué bueno.
Aunque de noche, escucho la lluvia. Solito en mi cama.
Retumba sobre la lámina en el patio trasero. Cae fuerte sobre el durazno, los bambúes y el limón.
Y siento que alguien puede curar eso.
Ese miedo a la noche.
A la lluvia.
Al trueno.
Es como en esa canción de Green Day.
Donde piden novocaína, donde exigen un remedio. Algo que ayude a dormir largo y placentero.
Como ese abrazo en plena madrugada de sábado.
Como ese beso borracho de cerveza y limón de madrugada de jueves.
Pero vuelvo a pensar en las palabras de Tuza.
Sale nuevamente esa imagen del lodo, del charco. Del mal sueño bajo una tormenta.
Cada que caigo al suelo (y últimamente ha pasado muy seguido) me levanto diciendo que no pasará otra vez.
Algo me dice que estoy a punto de que ocurra.
Hoy es probable que no caiga.
Mañana, quién sabe.

domingo, agosto 01, 2010

Adiós, Urano

-¿No ése que va a ahí es…?-me preguntó Zeus.
Lugar: Container City.
Hora: Alrededor de la medianoche.
Nos había citado la Xu. Su cumpleaños es el 31 de julio. Y entre el gentío lo vi pasar y no iba solo.

-Sí. Sí es…-dije yo.
Tomé el radio mientras caminaba hacía el estacionamiento.
Con la rapidez de la alerta confirmé y di por cerrado el caso.
Otro carpetazo más.
No hay bronca.
“Ni estorbo, ni que me estorben”, pensé.

-¿Y qué sentiste?-me preguntó la Mena un día después.
Lugar: Mariscos “El Silver”.
Hora: cinco de la tarde.
Esa cruz tenía que curarse con un caldito de camarón y unas jaibas desnudas. Lo peor fue que yo solamente salí por el caldo de camarón y terminé en el lugar de siempre pero con compañía distinta.
-Nada. No sentí nada. Que es lo peor-le respondí.
Y es curioso. En efecto. No me pasó como en otras ocasiones. Mi sangre no subió a la cabeza en una constante convección. No me hirvió la sesera. Ni sentí rabia, ni enojo, ni celos. ¿Cómo sentir donde no se atesoró nada?
Nada. No sentí nada, y eso es lo peor, insisto.
“Seguramente ya te habías programado”, me dijo Mena.
Seguimos el sabadito en el Cananas con la Madrid, Edgar, Alex y la Tía Kikis que festejaba su cumpleaños. Que por cierto, por educación preferí quedarme con la duda de cuántos cumplía.
La tía Kikis fue contundente:
“Eres virgo, ¿no? Dos años y medio estuvo Urano en tu casa zodiacal. Fueron tiempos muy difíciles. Donde tomaste decisiones complicadas, donde pasaste una soledad terrible. Pero te tengo una buena noticia: Urano no va a regresar hasta dentro de 29 años. Hoy 31 de julio se va Urano de tu vida por un muy buen rato”.
Armé mis propias cuentas mientras la tía astróloga de Madrid hablaba con Conti, que llegó unas horas después y que también quedó embelesado por las predicciones que la señora hacía con solamente verte y confirmar tu signo. Con la elegancia de sus manos delgadas y con apenas y arquear sus finas cejas.
“Tú escribes, ¿verdad?”, me dijo otra vez la tía con ese estilo al hablar, donde siempre cierra con otra pregunta para complementar que su pronóstico es acertado.
-Sí… bueno a eso me dedico. Amo escribir-, respondí.
-Viene algo grande. Algo muy grande. Bendito sea Dios: Urano ya se fue de vida...
Y con la partida de ese planeta se fueron cosas, hechos, gente. Rencores, problemas, falsas esperanzas.
También desapareció completamente ese peso imaginario. Ese que ya iba perdiendo con los días a través de mis propios decretos. Se fue ese rigor que yo mismo me imponía con el designio de mi orgullo. Se me fueron esas ganas de llorar.
El 31 de julio será un día que no olvide.
Que de medianoche a medianoche tuve revelaciones suficientes como para confirmarme que mi vida sigue y sigue bien.
Con el cigarro en esa frágil mano derecha me señaló la tia: “Te van a ocurrir muchas coincidencias. Tantas que te vas a morir de la risa”.
A la hora que esto escribo siguen cayendo las coincidencias.
¿Que si le creo ciegamente a la astrología?
Honestamente, no sé. Años atrás el tema me apasionó.
¿Qué si han pasado coincidencias?
Sí, algunas. Varias en las últimas horas.
¿Que qué viene?
Quién sabe.
Lo importante es que Urano ya se fue.

martes, julio 06, 2010

I eat dinner

Las gotas de rocío bajan una por una sobre las hojas del limonero.
La cocina huele a guayaba, pera y mango.
Constanza extraña a su papá y la ansiedad le ha llevado a siete cambios de ropa por una noche.
Sigue sin dominar el baño, pero esa sonrisa hermosa no desaparece de su rostro por más que se haga en los pantalones.
Roy está altísimo y pareciera que no deja de crecer cada día. Sigue con el fanatismo por el Mundial Sudáfrica 2010 al que le quedan ya unas semanas de vida (gracias a Dios).
Miriam no deja de acomodar cosas, lavar, subir, ordenar; pareciera que nunca hay descanso. ¿A quién me recuerda? ¿A mamá? ¿A mi padre? ¿A mí? Tiene esa manía de no estarse quieta que nos heredaron ambos. Voltea a un rincón: “Ahí hay que poner una cortina, así y así… ¿o así?”, dice cuando ya está sobre una ventana imaginando cómo quedaría al final de su trazo con los dedos al aire.
Es curioso. Pero el cascarrabias que soy se transforma cuando la chaparra me grita al llegar: “¡Tiyo!”, dice mientras se come sus hot cakes de la merienda.
Se siente lindo.
Se siente muy distinto.
Llegar a la casa y encontrar el cuarto acomodado, impecable.
Girar la perilla de la puerta y entrar en otro halo. Uno muy distinto al que se tiene todos los días.
Uno al cual indigna mezclarlo con el trabajo.
Se siente como el hogar que hace unos diez años dejé.
Se siente bien.
Es tan curioso. Hoy que no tengo ya ningún sentimiento por nadie (¡que horrible suena!) me siento bien. Me siento tranquilo.
¿Cómo dice esa canción de Rufus y Dido?

“I eat dinner at the kitchen table
By the light of the TV screen
I eat leftovers with mashed potatoes
No more candlelight
No more romance
No more small-talk”.

Llegué muerto.
Me tire en la cama y no me moví más.
Las elecciones me dejaron con la espalda destrozada.
Miriam pidió a los niños no molestarme y me cerraron la puerta.
Es lo último que escuche.
Ahora, en la mesa de la cocina escribo esto con el mayor de los sigilos.
No quiero despertar a nadie.
Solamente quiero escribir lo bien que me siento y volver a dormir.
Que mañana, volver por la noche a esta calma del hogar, me sabrá a premio.

lunes, junio 14, 2010

Que arda la melancolía

Hace diez años Moby era mi hit(y todavía lo es).
En mi cabeza resonaba “Porcelain”. Una y otra vez.
Si mal no recuerdo fue Play el primer disco que compré en Puebla. Era un domingo medianamente lluvioso de septiembre. Y lo vi mientras hacía ese insípido turismo de mis primeros días en la ciudad. Fue mi regalo de cumpleaños.
Hoy, mientras regresaba a casa pensaba precisamente en la serie de cosas que hacía hace diez años. No cabe duda que la casualidad suele ser arma de dos filos. Lalo tenía entre sus discos viejos uno que puso en su camioneta. Música de hace diez años, me dijo. Y yo estaba muerto de la risa mientras identificaba las rolas. Le atiné a casi todas. Creo que fueron como 17.
Y luego, ¡Dios santo!, reaparece con la magia del inbox de Facebook la mujer que consideré el amor de mi vida. Maldita la casualidad. Maldita la melancolía.
Ana Olmos.
Cómo da vueltas la vida.
Ahora tiene dos hijas. Felizmente separada. Tiene trabajo estable y como meta se ha puesto acabar la carrera de administración.
“No imaginé volverte a ver”, decía el título del mensaje.
“No, yo tampoco”, respondí para mí mismo.
Admito que cuando le respondí ese mensaje me salió una lágrima.
No sé si fue melancolía, no sé si fue recordar ese viejo amor.
No sé.
Me acordé de sus besos. Esos labios carnosos. De lo tonto que me sentía cuando ella llegaba y visitaba el pueblo. ¿Estaría enamorado? Yo creo que sí. Lo supe de inmediato cuando apenas y nos conocimos. Me morí de la risa al recordar lo que inventábamos para sacarla de casa de su tía Bety. De lo que ella misma se inventaba para llegar desde Pachuca.
Carajo.
Qué distinto soy ahora.
Qué distinta es ahora ella.
“Wow”, puso en una foto mía de Facebook. Dice que he cambiado bastante. Dice que tiene ganas de darme todos los abrazos que no me ha dado. Yo solamente digo que es la barba la que me añeja y he respondido que en estos últimos me han hecho falta esos abrazos que ella me manda.
¿Qué se hace en estos casos?
Casualmente hoy es que retomo las rolas de esos días.
Retomo a Moby. A Macy Gray. A las últimas canciones cuerdas de Sinead O’Connor. Las de Sherryl Crow. Los New Radicals. Retomo esa forma de ser a mis 17. Entre el ñoño que pelea por volverse valemadrista.
¿Qué se hace cuando reaparece quien tú creíste el amor de tu vida?
Que alguien me explique.
Que alguien saque el manual para situaciones inesperadas.
Que alguien me diga qué combustible incendia bien la melancolía.

domingo, junio 06, 2010

Será la atmósfera...

De repente empezó la voz de Stevie Nicks.
Sería algún sampleo raro que tocaron en La Ceiba.
“Thunder only happens when it’s raining… players only loves you when there playing…”, dice esa mujer de elegante voz en “Dreams”. No sé porqué amo esa rola. Amo también la voz de Stevie Nicks.
Sentía un poco del fresco en la espalda.
Comenzaba a llover.
La lámina del lugar solamente hacía resonar la lluvia.
Caían los truenos a lo lejos. Las gotas de junio bajaban la temperatura de un día bastante caluroso. Y en Conteiner city no había ni un alma. La Ceiba era de los pocos sitios abiertos. Por eso terminamos ahí.
A Tuss hace rato no la veía y pasó por mí a casa de mi hermana.
Básicamente iríamos a cualquier bar de mala muerte por la chela que le urgía desde hace días.
Domingo… sí.
Beber en domingo, dicen, es malo.
Como beber en lunes o cualquier día de la semana.
Y nos agarró ahí la lluvia poniéndonos al tanto de nuestras vidas.
Entre sus historias y las mías se enredó esa canción.
Y ahora que recuerdo la velada, increíblemente descubro que ya son casi las dos de la madrugada.
Descubro también (y me sorprende) que mi vida va bien, que estoy tranquilo. Y que no hay motivo por el cual, uno deba preocuparse, o quitarse un poco de el ánimo.
Como no hay motivo por el cual temerle a la lluvia o maldecir su llegada.
No hay porqué perder las atmósferas perfectas.
Tampoco no hay gente, ni hay razón suficiente que te quite un buen momento:
El mojito de las manos.
La canción que armoniza.
El clima.
O la compañía, que usualmente la necesitamos todos.
No hay motivos pues… no hay por qué temerle al trueno.
No hay porqué agitar la respiración, a menos, por supuesto, que sea por alguien que lo provoca.
Alguien que merece que perdamos el aliento.