sábado, febrero 12, 2005

A, b, c: bis.

a) Hagamos un trato... tú no lo dices, yo no lo digo, no hagas caso que es sólo un berrinche, si quieres leélo, sólo te informo que eso de partirme la madre comienza a volverse una costumbre.

b) De dónde carajos viene la fuerza que arrastra a querer, será que el pinche corazón forja placebos, ¿acaso hace amarras? Se confabula el destino, tu sentidos, los amigos, el ambiente, todo en tu contra. Tú caes rendido ante el agua del oasis. Madres, tragas arena. ¿Rico? ¿Bueno para tu sed? No, ¿verdad?

Te chingas porque eso es lo que tienes, eso es la vida, eso es experiencia; decía Oscar Wilde que experiencia es un cúmulo de errores. ¡A salud de Wilde, pues! Eso de ser homosexual de vez en cuando ayuda para tener un poco de claridad en la mente, digo a veces porque el resto del tiempo se la pasa uno metido en pura mierda.

Retomo... ¿Será entonces que disfruto los errores? ¿Será que mejor me acostumbro a las derrotas? Así celebraría más seguido. Así cada día, cada partida de madre, pisotón, empujón, caída, desprecio, significaría que algo hago con mi vida.

Ja, pobre iluso. Vive pues, amarra toda la seducción de los espejismos. Siéntelos, vívelos, que la filosofía de lo que tienes por vida parece construirse de peldaños empotrados en suelo falso.

Que me condene entonces Dios, y no precisamente por gustar de la sodomía, si no por no atender al mandamiento ese de la adoración de falsos ídolos. Y que no me chingue ahora Dios, que hoy no me pida eso, pues de ahora en adelante pienso encomendar mi pérfida y puta alma al más falso de todos, a uno de propia creación, a la caridad del Santo Cristo de los Madrazos, un ídolo más, otro de barro, de yeso barato. Como muchos.

A tal santo pienso encomendarme porque las batallas que me dejan en derrota continúa logran que mi ánimo se mantenga alerta. Así que sigo el berrinche, sigo con el aburrido desaguisado, que hoy tengo mi día lleno de furia y rabia contra lo que me rodea. Que hoy odio todo lo que me hace respirar, que hoy maldigo mi suerte una vez más.

Ahora no me lamento por se mal profeta sino por todo lo contrario, nomás por joder inventé en la cabeza un escenario del cual nada aparecerá. Mal hecho, mejor debí haber nacido mitómano, haber nacido cuentista, y no haber nacido perdedor de tiempo completo pues cada que las imágenes prefabricadas se regresan golpean a mi mente sin un ápice cumplido.

Hoy no pienso describir sueños, hoy no quiero saber de la japonesa que soñé el otro día, hoy quisiera ver un poco de coherencia en mi vida. Hoy quisiera oler común, hoy quisiera quitarme el aroma a campo minado.

Eso, ojalá estuviera ahí en un campo minado, que un clic sonara bajo mis piernas y volará mi cuerpo en todas direcciones hecho mierda. Así siquiera tendría una sensación de vacío en mi estómago, eso me indicaría que vivo, exactamente dos segundos antes de perder por siempre mi aliento. Esa vida que pierdo a diario cada que vuelvo sólo a mi cama.

c) Bis

Artículo indeterminado, sujeto equivocado, acción correcta pero desatinada. Que el santo comienza a hacer milagros, lo descubrí a noche de anoche que mi corazón puso doble carga de esfuerzo, el resultado fue la tos con rastros de bilis, estómago débil por la mezcla y una luna que me vaticinó con su envidiosa hermosura una plana velada.

¿Qué más da? Será que me acostumbro. Será que la razón no gobierna en el estúpido ser que soy. Siempre he de anteponer en el vacío doble carga de ladrillos. Además la ingenuidad me obliga a poner expectativas que nunca aseguran que mi entorno y todos sus activistas cumplirán a favor.

Muerdo lazo, amarro mentes o mentadas, guardo distancia a las tímidas esperanzas que hayan nacido de momento. Me hago un favor y vuelvo la mirada al constante trabajo cerebral que me implica el egoísmo. Me hago un favor y merezco un poco de la obra que el alcohol y la hierba bien otorgan a mi pobre pensamiento. Me hago otro favor y desfallece una monserga más de aquél constante individual llamado paciencia.

Quizá nada tenga que ver, pero por ser hoy día donde explota el lloriqueo recordaré cuando una mujer se convirtió en rubia y comenzó a gruñir en inglés. De sus frases, una de ellas siempre me agradó:

You’re too far to bring close. Too hi to see below. Just hangin’ on your daily dose.
So what’s of wastin’ all my words, if it’s just the same or even worse than readin’ poems to a horse.

miércoles, febrero 09, 2005

Aquél par

Unas veinte veces mi madre me contó la historia de una chamaca que se pasó de enamoradiza, que quiso mucho al muchachillo que le veía por la ventana de la cantina.

En aquellos tiempos, cuando un volkswagen era lujo en el pueblo, los pantalones se usaban untados al cuerpo, a los hippies les decían mariguanos y tomar la píldora era pecado, aquella chamaca tendría unos diecisiete años, una máquina de coser y la obligación de atender a todos en su casa.

Sus cuatro hermanos la giraron de todo, boleaban zapatos, vendían chicles. Su hermana menor era la consentida, le compraban zapatos a cada rato, no movía un dedo en la casa, hacía como que estudiaba. Sus padres eran conservadores, no hacían mal, simplemente vivían como buenos cristianos, con todos los pesares y orgullos de la provincia poblana.

Un día la chamaca se asomó por la ventana. Un cuadro pequeñito rasgado en la pared le servía de desahogo cuando sentía el calor de la tarde en esas paredes. Dejaba su Singer, estiraba las piernas y veía a un muchacho larguirucho en la cantina de la Juana.

La Juana tenía su dispendio de alcoholes, refinos y chelas enfrente a la casa de la chamaca. De sol a noche se escuchaba la rocola en la cantina. Había de todo en el repertorio, desde los Ángeles Negros hasta los Terrícolas, también había una que otra nalguita ofreeciendose en el remedo de congal.

Sonaba “Nunca más podré olvidarte” en el momento que la chamaca buscó al tipo usualmente apostado en la única ventana de la cantina. Un muchacho de bigote, reseca delgadez y pésima reputación. Ese día, muchacho tenía un jarrito de naranja en la mano, ese día suprimió la borrachera porque quería verse decente para ella.

Las miradas de ventana a ventana siguieron por dos meses. Los nombres los conocían por los vecinos. Sabían santo y seña de sus padres, madres hermanos. La fama de uno ahuyentaba a la otra. La familia de la otra ahuyentaba al otro. Había sólo miradas y uno que otro comentario ahogado.

Al muchacho de 17 se le sabía que era dejado, que ya dos chamacas tenía, que le iba bien en la Compañía de Luz, que sus hermanas habían heredado la putería de su madre, que sus hermanos eran ratas. La chamaca era ingenua y todas esas cosas que no le convenían, la verdad le valían madre.

El don para las matemáticas que siempre le celebraron en la primaria a la muchacha también le valiò madres, no contó bien, sumó bastante con sólo nueve semanas que llevaba de conocer al muchacho aquél, aunque hubiera escuchado de su mal parido destino toda la vida.

Un día de buenas para ellos,de malos para los padres de ella, la chamaca agarró las riendas de una vida. Tomó sus chivas, dejó su preciada máquina de coser, y se fue con el muchahco aquél.

Cierta parte de toda la historia del hijoeputa fue cierto. Sí, era dejado. Sí, tenía dos hijas de cuatro y dos años. Sí, era chambeador. Se marcharon ambos para una casa en medio del cerro, cerquita de la barranca y no lejana al trabajo.

Las niñas estrenaron madre, la cual les duró unos 25 años. Una familia comezó. Vaya par aquél en que la chamaca y el muchacho bigotón se convertirían. Crecerìan un rato juntos. El destino le había citado a su despedida dos decenas y media de años después. Eso, ya luego será escrito, eso que aún le duele a aquél muchacho bigotón.

lunes, febrero 07, 2005

Si quita sus gafas

...

Escríbeme algo, me dijo. Yo me quedé pensando en la ocasión que mi mente se nubló, que me dio frío en la noche y terminé invadiendo una cama. Una noche que tres piedras fueron el timbre, que tu tía dormía en el cuarto de junto, que mojaste mis labios con tu lengua y tu cuello ahogaba mi rostro.
Hubo manos y fueron de artista, hubo pies y rascaban el colchón, hubo lengua y en mi boca se movía. Hubo algo que resbalaba detrás de ti, era sudor y era barrido por mis manos.

Nunca entiendo, me dijo, a veces lo que escribes me provoca depresión, insistió. Yo intenté decir que muchas ocasiones mis manos deseaban describir su cuerpo. Remitirme a recordarle con la cara, con los ojos perdidos, sin gafas y el cabello despeinado. Sin ropa, en su cama o en la mía, entre mi cabecera con sus manos amarradas por sus dedos o atorado en el quicio de su colchón y la pared. Ambos con caras desfasadas, ilógicas, poco comprensibles, iracundas, despiadadas, enmarcadas por los hombros rígidos, suavizadas por las cejas denostando sinrazón.

Con un mensaje un día dijo creerme herido, que en ese momento le maldecía. Yo reí porque no era cierto, porque verle me ayudó. Porque bajé del auto e imaginé su piel mientras regresaba a casa en el camión. Pensé en otras ocasiones y escenarios, instalé sus caricias, sumé mis toscos movimientos, dejé su cadera prensada por mis manos. Las imágenes las armé con saliva, las amarré con cabello, les delaté con mis brazos, escudriñe con meñiques, mordí suaves partes y obtuve maravillas. Aprobé pues funcionaba. Después del insano pensamiento descubrí que a tres cuadras debía haber bajado. Me importó un comino y el camino de más me sirvió para rellenar nuevas secuencias.

Comentó un lejano día, te extraño, eso dijo. A cuatro horas de distancia, le imaginé en el paraje de sierra. Dudé si alguna vez pisarían sus pies esa tierra, deseé que el aroma a Alamo entrara entre algún día en sus fauces nasales. Que el aliento compartiéramos entre hierba. Que la paz de volver a verle me regresara el alma al cuerpo. Que un buen día aparezca en mí la fuerza de poder quererle menos.

Imposible diría yo. Imposible le diría a los ojos, respondiendo a cualquiera de sus comentarios. Describiría una vida que imagino llana sin su estela de aroma, sin sus mordidas a mi cuello. Narraría el drama de imponerme pensamientos poco gráciles donde le violaría por la pena de dejarme. Que me deje si gusta, imposible, vuelvo a decirle, imposible el vivir feliz sin su presencia a mi lado.

Animal

Le han dicho de todo.
Que es buen hijo, que el consentido, que según muy maduro desde niño, que a veces le apasiona todo, que a veces nada le gusta, que le aburre la espera, que habla con la boca a abierta, que es medio amanerado, que no a todas horas parece gustare la Coca-Cola hervida, que se ve menor, que se ve más grande, que se echa encima las broncas familiares, que se neurotiza por el reloj, que no sabe dónde deja el celular aunque lo tenga en el bolsillo, que puede querer de más, que pocas veces pierde paciencia, que a veces grita y manotea sin darse cuenta, que quiere y quiere mucho, que se ilusiona rápido, que no sabe perder, que se le sube, que se la cree, que es humano. Aunque a veces, se pasa de animal.

En una de tantas pasiones cortas, un buen día de cine que le debe a Mike Nichols, se topó con la leve recepción de reflexiones. En la pantalla, Natalie Portman se desnuda frente a Clive Owen. Se escucha de fondo en la voz de Morrisey, una canción de The Smiths. La escena llega, le vale madres tu mente y la viola. Alguien le dijo que exageraba cuando calificó de "bruta" a la película. Con un gesto asiente pues sabe que era cierto, que exageraba. Y es que, sus exageraciones son muestras de cariño hacia el objeto, persona o lugar que le cautiva.

"You shout your mouth, how can you say, that I go about the things in wrong way", continúa la voz de Morrisey en su cabeza.

En cierta parte de la cinta le explican cómo la verdad nos distingue a los hombres de los animales. Y, no es que sea mentiroso, pero el término le ajusta. Y no se siente mal con él. La mentira regularmente el sabe mal. Aunque la mentira le es aliento de historias salvajes en su mente, de nuevos mundo que nadie habita. A la mentira unos le llaman fantasía. Él le llama mentira. De mentiras vivió en sus depresiones, mentiras de Fuentes le ayudaron a pasar ciertas partes de su vida. Mentiras de Monteroso le hicieron reír. Mentiras de García Márquez lo llevaron a enamorarse de mundos ajenos donde que otros rellenan y fundan capitales sentimentales. Así a veces se prefiere el mundo de mentiras que adornan entre letras la mierda de la realidad.

Que era un buen muchacho, que lo extrañan en su casa, que gasta mucho, que duerme poco, que come mal, que traga aire, que es hijo de papi, que es un partidazo, que es mal amigo, que es borracho, que prefiere pasarsela en el antro que ir a ver a sus amigos, que la familia ya sospecha, que los papás de sus amigos se lo notaron, que su padre no sabe nada de él. Que quiere conocerlo.

¿Y se pierde en otra mentira? Y si no regresa hasta los treinta a su casa, sólo, soltero, sin hijos, cansado de vivir, con plena convicción de morir joven, con mucho dolor, con miedos, con resequedades en su piel, con las costras usuales en las manos, con la misma pasión por todo. ¿Pasará eso?

jueves, febrero 03, 2005

Laboratorio

"I am human and I need to be loved
Justo like everybody esle does..."

Dicen así The Smiths en una de sus canciones más conocidas. Y eso me recuerda a alguien que un día se le ocurrió poner sujetos a prueba de su antojo. Había que reconocer que algo rondaba su cabeza y que necesitaba la confirmación de sus sentidos. Se obtuvo una muestra de tres sujetos que a permanencia voluntaria decidieron abandonar su vida por propia iniciativa.

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Sujeto de investigación A

Complexión: Media.
Edad: 22 años.
Ocupación: Químico.
Frase inborrable: "Me vuelves loco" (dicho con la voz que haría Silvestre al comerce a Twety).
Paradero: Interfaz gráfica del chat.
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El hábito del sujeto lo llevó a ser encontrado en una tarde de domingo en soledad, hace más de tres años en que la curiosidad del practicante llevó a un acercamiento más allá de lo común.
El sujeto presentose en perfecta puntualidad. Con la seña digna de un Tigre del Norte, celular en la mano, nervio y frente sudada fue conducido al lugar donde el experimento se llevó a cabo.
La sesión se inició con un tímido beso de parte del practicante. "Un hombre besa igual que una mujer", pensó el curioso. El sujeto cuenta la prueba como una éxperiencia memorable. El practicante no lo olvida. Simplemente ha tendio mejores fichas de análisis.

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Sujeto de investigación B

Complexión: Gruesa
Edad: 35 años (?).
Ocupación: Maestro de baile.
Frase inborrable: "Que nalguitas tan ricas". .
Paradero: Antros en el DF, fiestas familiares, moteles de Veracruz.
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En el practicante nació el doble de curiosidad. Ósculos no bastaron. Necesitó pruebas feacientes de una posible enemistad con la dirección en que su pene era apuntado. Así que el sujeto de investigación B fue de utilidad paar comprobar las sensaciones indoloras del sexo anal. Si bien la acción demostrada en el lugar del experimento no fue la mejor, sirvió para comprobar la variedad de uso que puede tener el genital masculino. Se inauguróel uso de la charla postcoital. Y se hizo una delimitación de lo que el practicante no quiere en su vida.

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Sujeto de investigación C

Complexión: Media
Edad: 19 años.
Ocupación: Estudiante.
Frase inborrable: "Que buena rola" (Cada que suena una canción de Thalía o Paulina Rubio.
Paradero: Campus de universidad patito, antros donde la música pop en español sea carta principal.

La virginal teoría de vida que el Sujeto de investigación C comprobó al practicante fue tan decepcionante como la inexistencia de un himen de vello anal.
Ante los constantes miedos del sujeto C a una posible acción coital, el practicante desistió de soportar el bajo nivel de charla y la poca imaginación que presentaba. La relación prefirió estancarse en una amistad de lejos, con muchos saluditos cortos cada que aprecen frente a sí.
La investigación arrojó que la relación sería poco provechosa para el practicante, prefierendo hacerse el loco cada que le son enviados mensajes por lo que nunca fue.

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Hasta aquí los experimentos. La verdad el ánimo nunca estuvo para encontrarse con el tipo de especímenes que acaban de ser ennumerados.

miércoles, enero 19, 2005

Virgo, ascendente en aries

Maldigo mi suerte que tan mal me hace obrar. Que me logra llano, que da doble monotonía.
Hoy me dijeron que era un mal profeta. Me dijeron que la cartomancia no es mi fuerte. Me amenazaron, me dieron un adios en abonos.
También me dijeron que no veo más allá de mi nariz, me encerraron en el mundo que yo mismo inventé, lograron derrotarme y ahora no pienso cambiar la concepción de un mediocre ser que en potencia encarno.
Hoy se burlaron de mis tontas concepciones, en la cara me echaron todo el drama de mi ser.
Hoy mi mente es pecera de antojos, de resoluciones incompletas, de medias tintas, de pesares y malos proyectos, de poca coherencia, de mucha locura.

Amanecí de nuevo encerrado en un sueño.
Era una habitación pequeña dentro de una casa de dos plantas. Degradados rojos en las paredes. No recuerod ventanas ni muebles.
Una escalera en mi paso que nunca ascendí. Una nipona con vestido de novia de gasa que me cocinaba y pedía ser parte de su vida.
No quiero desposarte, le decía, no quiero, no me gustas ni creo gustarte, continuaba hablando yo desesperado por sus ruegos sin sentido.
Giró el sueño como una cámara en película independiente, ahora la nipona me veía a ls ojos arrodillada cocinaba algo en una hornilla. Movía el sartén, yo me desesperaba, la pateaba, como perro le ordenaba que se fuera, que cerrara la puerta y que no dejara entrar el frío.

El sueño se acabó. Desperté en mi cama. El ruido del celular fue el que tronó mis tímpanos. Encendí el radio y el boiler también. Me metí al baño y no soporté mi ser.

Unos preguntan si fabrico una depresión, otros preguntan con qué dinero viviré, unos afirman el contrato que puede sacarlos de mi vida, otros parpadean como interfaz gráfica del chat. Hoy comenzó mi día con un poco de repudio propio. Y creo que terminará igual por saberme ese ascendente en aries, nunca de ascendente piscis, es otro virgo que apareció por allí. El mismo que celebra tragedias propias, el mismo que echa lumbre simplemente por querer por ser él.

sábado, enero 15, 2005

Asalto a Cartier

Viernes 14 de enero. Siete de la tarde y nada que hacer. Selene y yo nos sonrojamos con la champagne no tan barata que Agüera le regaló. En casa de Pilar, luego de unas albóndigas en riquisima salsa de tomate, pasta con especias y mantequilla, vino blanco y consomé con queso, fue que buscamos a Zeus, el plan había sido dispuesto para que en El Greco nos viéramos con él, con Mario Alberto Mejía, Ulises Riuz y el par de fotógrafos que pronto entrarán a Cambio. El plan se cambió, MAM no llegó y decidimos checar una película, cenar en Angelópolis y escoger una corbata para el informe del gobernador.

Todo normal, todo común. Sin novedad en el frente, niñas fresas de la mano de niños fresas, gente bien caminando, gente nice comprando y haciendo como que compraban. Zeus de adelantó a Scappino con su grácil andar de oso panda, Selene y yo nos desvivimos un momento por el escaprate en LOB. Iba a darme una vuelta por el MixUp, pero Selene me mostró una gorra de ferrocarrilero con precio de 122 pesos que, de haberlos tenido en la bolsa, la cachucha ya estaría en mi cabeza. Dos pasos y nos internamos entre los pantalones y descuentos cuando dos disparos se escucharon y un grito colectivo inundó la plaza comercial.

No pensé. Volté a ver a Selene, Selene volteó hacía mí. El par de ilógicos tuvieron un orgasmo por la adrenalina mientras los asistentes a la tienda se tiraban al suelo y el tiempo se hacía nada. No pensé de nuevo. Me abalacé a las galerías, quería ver. Selene me pendejeaba a lo lejos, ahora que lo pienso, yo mismo me intulto. No pensé en los disparos, me valió madres todos, fuí irracional, quería ver. Mi condición de metiche se menguó un poco cuando se escucharon los otros dos balazos. Corrí de nuevo al aparador. El guardia me ordenaba que fuera hacia atràs. Selene seguìa maldiciendo mi estùpida temeridad. La gente corrìa afuera. Se arrastraban, una niña lloraba de la mano de su papá, ambos corrían hacia el estacionamiento. Pasaba la gente y la incertidumbre no nos dejaba. Selene y yo pedimos salir. "Somos prensa, debemos estar afuera", decía ella, el policía no creía. Después de ver que Zeus estaba bien, encerrado en Scappino me alivié un poco del nerviosismo previo que tuve al intentar buscarlo por el celular.

Zeus no estuvo del todo bien. La curiosisda se la calmó el balazo en la esquina superior de Scappino, al momento vio la manera en que las cajeras se tiraban, lloraban, morían de miedo.

Cuando se instauró el silencio los tres salimos de las prisiones de seguridad en que se habìan convertido las tiendas. Un mar de confusos policias se apostabn sobre Cartier. Cristales rotos, gente en shock y tres mirones completaron la escena. ¿Pues va la nota no? dijo Selene. Yo no respondí y saque pluma y libreta, incluso violé los dos hilos de tranquilidad que el quedaban a la testigo frontal. "Tranquilo. Se porfesional", me dijeron a regañadientes Selene y Zeus. Estaba yo invadido por adrenalina, se me salieron 30 gramos de psicosis, me puse a juntar datos. La ese y la zeta se fueron por la reacción de los compradores. Mientras dentro de Cartier podías ver montones de cristal roto en el suelo. El símbolo de la casa estaba tirado entre el mostrador donde una nerviosa señorita intentaba explicar lo ocurrido:

"Llegó un tipo de aspecto descuidado, en pants y con una maleta, él gritó: 'Ahora sí se las cargò la chingada', sacò un mazo y una pistola, rompió los cristales, yo me tiré al suelo."

La escena del lugar era de película gringa, la otra señorita que atendìa en Cartier estaba menos completa que el vidrio en el suelo. Le daban primero auxilios, la hacìan entrar en reacción. Los policias comenzaron a acordonar, empezaron a checar las pruebas, las pistas, lo que fuera.

Media hora después Selene estaba en cuclillas sobre una gota de sangre. Yo no le habìa creído que alguien hubiera resultado herido, hasta que el perito lo comprobó y señalò las marcas sobre el mosaico de la plaza. "¿Me crees ahora?", me decìa en la màs honda indignación Selene. Habìa desconfiado de ella. Nunca hagas eso.

Luego llegaron otros reporteros, más mirones, gente nice que tomaba fotos del atraco con la tecnología de su celular. Un juguito del 100% Natural pa' bajar el susto, sin azucar para no provocarnos la diabetes.

El ambiente era de episodio de CSI. Me sentì en serie gringa pro un dìa, al Zeus se le saliò el bajòn de adrenalina con un poquito de llanto, a mi me doliò la cabeza. Selene sigue chingàndome con que soy un pendejo por acercarme a los cristales luego de la balacera. Yo sólo pienso que en efecto, fue insano el exitarme con eso. Pero recuerdo el primer dìa que sentí un temblor bajo mis piernas y el sentimiento es parecido. Emociòn rara, adrenalina. Estúpida adrenalina.

jueves, enero 13, 2005

Borra, regresa.

¿Qué haces cuando una sonrisa ajena te mata? ¿Qué llevas a tu corazón cuando alguien tiene un precioso par de ojos y no deja de mirarte? Esa persona te sonríe, te ve, te agrada. Es gusto mutuo el conocerse.

Una noche fría de enero. El aire azota la iglesia de Nuestra Señora del Cielo. Su estilo arquitectónico barroco indígena no importa en el momento. Es una misa en memoria de alguien. Posteriormente a un funeral ya nadie quiere saber nada. Ya enterró a su muerto, ya intenta vivir con el dolor que le dejó aquél que se fue. Ya no llora, solo recuerda, sólo se le estremecen los músculos cardio vasculares, busca un alivio, traga el aliento mecánicamente, se encuentra en standby. Vive. Lo que le queda, vive. Así vi a Ramón. De unos 24 años, el hombre-niño con los ojos más destellantes que he visto se montaba en el dolor, en su pena. Lloraba por su ex novio. Por Toño.

A Ramón le supe sus mañas el día que lo vi en el "Mandragoras", un día que a Natalie, ex compañera de la universidad se le ocurrió presentarlo. Ahí, minutos más tarde llegó Toño, sería cuestión de días lo que llevaban separador. Visualmente crucé miradas de inmediato con Ramón. De facciones finas, andar cordial, sentidos agudos, lentes cubriendo sus brillantes ojos, con actitud de hombre, su imagen es la de un niño de 14 años. Frágil, de osamenta tierna. De delgados músculos. Concordamos en muchas cosas, en la música, en los comentarios, en degustar el ganado y dividirlo. A Toño le molestó tal complicidad, mal pensó mi amigo, mal pensó.

Y es que esa vez, en que Antonio Chamorro temió que su ex novio, el tierno Ramón se desayunara al Edmundo que en previas ocasiones no consiguió, fue la última vez que tanto Ramón, como yo, lo vimos con aliento, con vida, bailando a su modo la versión de California dreamin' de los Royal Gigolos. Fue la última vez que se zampó unas cervezas. El hombre andaba ocupado con su proyecto de organización no gubernamental. El chavo era movido, no sé porque nos dejó. No sé cuál habría sido su argumento, no sé si habría sido un buen argumento.

Hace como una semana exactamente fue que Don Mario Martel me arrancó a Toño enseñándome una esquela publicada por La Jornada de Oriente, en ella, Juventud Alpha, grupo que había fundado cuando se enteró de su condición seropositiva, se despedía haciéndole todos los honores que no pudieron recordar cuando lo exhiliaron de él, de su creación.

Un día que se me ocurrió tener la autoestima al doble de elevada fue que en el sedan blanco de la mamá de Zeus nos fue comunicada la mala nueva. Incredulidad fue lo que tuve los siguientes diez minutos que el señor Zeus manejó hacía el zócalo de Puebla para encontrar el diario donde Martel vio del terrible desaguisado. Selene lo confirmó cuando se bajó del carro, pagó los 10 pesos que el diario vale acompañado de la edición nacional, lo llevó al bocho y lo escudriñamos entre todos. Ahí estaba, ahí estaba su nombre. Todo concordaba. El amigo de Nata. El ex de Ramón. Un buen amigo mío en potencia. ¿Qué demonios pasó? No sabíamos. Suicido fue lo que confirmó Natali, destrozada como la describió Selene, como la escuchó al teléfono. Fue duro, me dio un madrazo, me regreso a la tierra como aquella sabia lección de mi madre.

Así fue que pasó uno de los momento más incómodos en mi vida. Cuando asistimos a la iglesia de Nuestra Señora del Cielo, ni Selene, ni Paulina sabíamos qué encontraríamos, no sabíamos si veríamos una familia deshecha, a los amigos desparpajados por toda la capilla.

El retablo dorado, salpicado de ángeles, en un baño de oro, nos recibió con el padre encaramado al púlpito, dando la misa de despedida. Ramón llegó tarde. Cuando Selene fue a recordar a qué sabía la hostia el hombre-niño apareció entre las bancas. Derrotado, aplastado, sumergido en su limbo. Metido en su mente. Tuve que dejar sola a Paulina, la abandoné en la fría banca de madera, di cuatro pasos, vi hacia la cúpula, las tres bóvedas del edifico parecían empotradas, lucían dormidas siendo testigo del dolor en toda esa gente.

Llegué a Ramón, le acerqué mi mano por su hombro. Volteó, me miró, sonrió. Aún con su sentir, con su alma llena de luto, con el pesar de sus párpados, lo violáceo de sus ojeras, aún así pude ver ese destello en sus ojos. Noté lo increíble de un alma fuerte en esa mirada. No creo volver a ver una mirada así. En el continuar de la misa, este guiñapo de hombre que me precio en ser le acompañó en silencio. Pude omitir la estupidez de mi verbo y acompañe callado. Creo que esa noche, cuando el viento azotaba a Nuestra Señora del Cielo, cuando miraba el retablo bañado en oro, salpicado de ángeles, es noche fue que aprendí a callar.

Desde esa fecha es que mi mente no para de cantar "Erase, rewind", canción de The Cardigans que nada tiene que ver con la anécdota pero que resume los sentimientos que esa noche nacieron en mi.

"Hey...what did you ear me said. You know the diference it makes. I said it's fine before. But I don't think so no more. I said it's fine before...", así rezaría la rubia que es vocal de la banda, lo mismo he rezado cada noche en mi cuarto, cuando apago las luces y mi ciclo de música barroca termina.

Ahora, cuando pongo GRAN TURISMO, disco de The Cardigans nace en mí la sensación de que en la vida todos podemos ser una pieza del cassete que se borra y regresa. Con esa canción muero en la noche. Con esa sensación me despido a la vida en caso de no despertar nuevamente. "I've change my mind... I've take it best... erase and rewind."

martes, enero 04, 2005

Que la boca se me haga chicharrón

A mi padre toda la colonia Azteca lo ha conocido como “El Chicharrón”.
Cuando se casó por tercera vez y todos sus hijos estuvimos bien creciditos, el pueblo le cambió el sobrenombre.
Ahora es conoció como “Don Chicharrón”. Vaya cambio.
Tal mote se lo debe al bisabuelo Chantré que un buen día le dio un cesto lleno de mazorca al tierno Ildefonso, con la orden de llevárselo a su puerco predilecto.
El bisabuelo Chantré tenía un orgullo en su chiquero.
Su semental.
Al barraco le apodó “El Chicharrón” desde que creyó que el futuro del animal no pasaría del cazo de las carnitas, las cubetas de manteca o su cabeza hecha taquitos.
Pero el destino lo cambió de pensar cuando el cerdo se apoderó de tres tetas de su nana.
“Salió cabrón el marrano”, seguramente dijo el bisabuelo Chantré.
Fue tal la alevosía, que “El Chicharrón” mató de hambre a cuatro de sus hermanos. Así el bisabuelo lo separó de la camada, prefirió criarlo él mismo; le cobró los cuatro consanguíneos cruzándolo con cuanta puerca se le ponía enfrente.
Para cuando mi abuela parió a mi padre el barraco ya había logrado preñar a siete puercas.
Para cuando “El Chicharrón” se conocía como el mejor semental del pueblo mi padre se quedó sin madre.
La abuela lo abandonó.
Ella prefirió los rumbos del buen dinero proveniente de los tamales y, al parecer, también de la putería.
Perdón, no es que yo le diga puta a mi abuela, que en santa paz debe estar. No, yo no lo digo. Lo decía todo el pueblo.
Cuando le dolió la cara de tal fama, la abuela salió corriendo del pueblo. Leonor pidió a Don Chantré que criara a su hijo.
Así, mi padre no vivió tan de cerca esa mala fama de su madre.
Tuvo la suerte de no ser señalado como sus otros tres hermanos mayores, quienes a pulso llevaron eso de "ser hijos de puta".
Y no cualquier puta... una puta que vendía tamales. Muy buenos, por cierto. Y eso, también se lo reconocía todo el pueblo.
Así que a sus siete años, el pequeño Ildelfonso tenía bien definidas sus tareas: Dar de comer a los caballos. Recoger los huevos de las gallinas. Recorrer el rancho de Chincontla. Limpiar la mierda del borrego. Podar los arrayanes del jardín.
Todo lo hacía por un taco que su madre le negó y que el abuelo le cobraba con trabajo.
El niño comía lo que había.
La esposa de Don Chantré lo odiaba por ser hijo de la bastarda de Leonor.
Doña Maruja nunca perdonó a su marido por dejar que esa niña creciera con ellos, menos le gustó que le dejara arrumbado a su cuarto hijo.
Así el pobre chamaco arrimado era el hijo de la bastarda, era hijo de puta y era hijo de una muy famosa tamalera. Todo en uno. Maravilla de muchachito.
A pesar del poco cariño que Maruja le profesaba, los frijoles bien guisados no le faltaron a Ildelfonso. La señora podría ser muy cabrona, una arpía de primer, pero en ese hogar se comía bien, era de esos donde no hace falta el sabor del cilantro ni los caldos se pasan de sal. Donde hay tortilla hecha a mano, guacamole y chiltepín. Las mujeres serranas además de cabronas, cocinan de maravilla. Pregunte usted nomas.
En fin. Un día la Maruja desgranó el maíz.
Antes de que los granos se fueran al metate echó toda la mazorca en un chiquigüite y se lo pasó a Don Chantré.
Acto seguido el abuelo llamó a su entenado, mi padre.
Ildelfonso venía con siete huevos de totola en las manos.
Se desocupó y atendió a mi bisabuelo. La orden fue llevarle la mazorca a su orgullo: “El Chicharrón”.
Mi padre perdió la costumbre de acercarse al chiquero cuando uno de los peones fue mordido por aquél monstruo de tocino.
Sin miedo, el niño de siete años buscó la trompa del barraco.
Rodeó el chiquero y vigiló al puerco, aguantando todo el aroma a majada que desprendía.
El Chicharrón llevaba dos días sin comer, quién sabe por qué.
Cuando olió la mazorca fresca se abalanzó contra el pobre chamaco.
El chiquero, el chiquihuite, el pobre de Ildefonso y las mazorcas salieron volando por tremendo toponazo del semental.
El saldo fue un gallinero enloquecido por el ruido, dos borregos escapados, un barraco en fuga y la nariz rota del pobre niño. Un mar de sangre en su cara sucia entre lodo y majada.
De “El Chicharrón” ya nada se supo.
Algunos cuentan que por los llanos cercanos a la colonia intentó violar a una anciana.
Bromeando, el abuelo intentó calmar torpemente las lágrimas de Ildefonso. Y zaz, él fue el nuevo Chicharrón.
Así se le quedó para toda su vida.
De esa infancia llena de trabajo mi padre guarda, además de la anécdota de su mote, el deseo de no saber de su madre.
Deseo que llevó a cabo hasta el día de la muerte de aquella señora.
En el funeral, Ildefonso se enteró que fue el cuarto hermano de una familia de 14 hijos en total.
La abuela era incontenible.
Y así, a sus treinta y tantos, dolido aún por el abandono, por el frentazo que le dio el barraco, por su infancia perdida, se reencontró con su madre, quien yacía en un féretro barato.
Velada por todos sus hijos.
Incluso por Ildefonso, “El Chicharrón”, como lo conocía la colonia entera.



jueves, diciembre 30, 2004

Olor a nuevo

Entre el frío de la Sierra paso mi navidad, el próximo año aún me parece incierto.
Llevo tres playeras y dos pantalones como pijama, cuatro edredones extra son el remedio para espantar los pies helados y las manos entumidas.
El ponche endulzado con panela, el café de preferencia solo y sin azúcar, ambos bien calientes.
El viento azota ciruelos y manzanos en Venta Grande, debido a la temporada los árboles están pelones. Los güeros lecheros abundan, las señoras con chisme pueblero también.
Toda la gente tiene mejillas chapeadas. Así se las deja el sol que quema pero no calienta.
Tienen cabello maltratado por el polvo y algunos de seguro tienen lombrices en la panza.
El estiercol de caballo decora las calles que presumen guarniciones de barro, banqueta de tierra, pasto y hierba en vez de asfalto, no hay bardas, hay alambre de puas, hay postes de madera.
Aquí será. Aquí estaremos.

***

Por estas fechas era que mi madre –en paz descanse- obligaba la visita a la tía Julia.
Mi padre y yo aceptamos acompañarla toda vez que el resto de la familia esquivaba el compromiso por ene motivo.
Camino a Venta Grande, donde precisamente la tía Julia vivió toda su senectud hasta su muerte, mi madre se esforzaba por inyectarme interés hacia mi poco conocida tía. Me decía que la señora en sus mocedades conoció a Tin Tan y a Pedro Infante, que era hermana de Blanca Estela Pavón, que de joven no había hombre que la dejara sin piropo, que era muy chula pues.
Pero ni el lazo sanguíneo ni su roce con las estrellas me eran suficientes. Mi madre nuca lograba verme contento por el encuentro. Yo nunca entendí como la intima amiga de las estrellas doradas del cine mexicano podía sobrevivir en ese pueblo grisáceo.
Carajo, el desprecio se volvió en mi contra.
Siempre renegué de visitar a la tía Julita por ese lugar que antes me pareció despreciable pero que ahora deberá sentirse como un hogar.

***

Doña Julita, como le llamaba mi madre, vivía en una adornada casa de madera. Gladiolas y azucenas bajo las ventanas, cerca blanca de madera. La señora se la pasaba bordando carpetitas con ganchillo, mientras veía telenovelas en su televisión de catorce pulgadas blanco y negro. Mamá aceptaba una muestra de su elaborado trabajo, incluso le compraba un par en colores pastel.
"Es para ayudarla", decía.
Mi padre perdía el tiempo observando sus caballos y hablaba con el muchacho que se los cuidaba.
El joven con olor a leche no sabía atinar si el Pinto, el caballo favorito de doña Julia, moriría pronto.
A mi me daba miedo ver a alguien con tantas arrugas así que estiraba la mano y agachaba la cara si la viejita me ofrecía dulces, desviaba los ojos hacía sus fotos en sepia, retratos de personas que me parecían conocidas, además de uno que otro pariente en versión juvenil. En silencio hacía teorías donde intentaba reconocer en una de las viejas fotografías a mi abuelo, don Filemón.
Claro un Filemón con cabello y sin panza, con traje de raya de gis, sombrero de ala corta con moño que coordinaba perfecto con el pañuelo, galante bigote recortado, masculino porte de macho mexicano.
Mamá hablaba horas con la tía. Al parecer doña Julia le recordaba a la abuela. ¿Sería tal la razón de su misericordia? Mi padre se desesperaba cuando su conocimiento por los caballos le era insuficiente y ya había pasado de la crianza equina a la ovina, y luego a la del conejo, a la de la trucha arcoiris, a la de las gallinas, incluso a la de los perros que la anciana adoptaba en su pórtico. Para esas alturas Mundito ya había creado historias entre los cuadros saboreando las frutas secas que recibió sin alzar la vista.
Papá asomó su cara por la ventana, mamá lo observó de reojo y entendió.
Pronto estaríamos de vuelta a casa. Yo feliz por dejar ese pueblo frío con los bolsillos llenos de mazapanes y otras golosinas de vieja usanza.

***

Ya no sé quién vive donde doña Julia solía hacerlo.
La casa sigue ahí.
No está abandonada pero no parece el hogar de alguna viejita que borde carpetas con ganchillo. Según me contaron la tía falleció cinco años antes que mi madre comenzara con sus dolores.
Hoy vuelvo a su pueblo.
Pero ahora no soy visita. Ahora huele a nuevo en la casa que mi padre compró en Venta Grande, cuatro calles atrás de donde la anciana vivía.
Me toca hacer hueco en mi alma para ese recién adquirido escenario. Ojalá y no muera rodeado de perros, solitario en una coqueta casa de madera, en un pueblo frío de güeros lecheros y señoras dedicadas al chisme de pueblo.

miércoles, diciembre 22, 2004

Chilpanyork pa' los cuates

Un día que perdí rumbo, que nada mejor tenía que hacer y que el aire de los demonios poblanos se convirtió en insoportable fue que conocí la capital guerrerense.
Chilpancingo, mejor citado por mi buena amiga Selene como "el ombligo del universo", fue como una segunda patria que me recordó a mi puebl0 pero con todo el sabor de Guerrero.
Si bien Chilpancingo no goza de la fama de Acapulco -incluso algunos poco letrados en geografìa nacional los intercambian como capital del estado de Guerrero- el lugar puede llegar a ser romántico por la atmósfera que únicamente la provincia mexicana puede tener.

El lugar tiene alma, la gente tiene carisma y cojones.
Se escucha Joan Sebastian.
Se comen chalupas.
Se esquivan colectivos.
Es un pueblo entrañable para la historia nacional y para el paladar es una parada obligatoria.

Mañana despertaré aquí en Chilpanyork pero regreso temprano a Puebla.
Creo que hoy este pobre escribe poco.
Hoy las letras me fueron pocas, me disculpo porque el corazón me gana y los párpados se me cierran. La noche espero sea larga y el sueño me mata.
Siete de la mañana es la cita y me esperan otras cuatro horas de camino.

martes, diciembre 21, 2004

Buenas buenas

Medianoche.
Porno en la tele, rajas en la cocina y hambre en mi panza.
Mientras caminaba entre bultos de huesos y carne por el zócalo de la ciudad noté que se puede ser feliz. Entre poblanos agobiados por el dinero y las fiestas cercanas fue que me sentí completo.
Aunque esto fuera por diez minutos que divagaba sobre ese inquisidor tema conocido como "felicidad".
Descubrí que el tiempo se puede salvar, que la gente te mantiene en constantes ilusiones (también de  depeciones), que mi pinche neurosis sobra cuando quiero ser feliz.

***

Pasadas las ocho de la noche.
Cruzo miradas con la última persona que decidí conocer los últimos meses.
Intercambio miradas, las luces iluminan rostros que por fin esbozan sonrisas.
Sonrisas que quieren ser genuinas.
Las cartas dijeron que pronto lo serán.
Aún así... siempre he ignorado lo que la baraja me dicta.
¿Será por que no me gusta que me cuenten el final de la película?

***

Se va el que algún día se sintió con alas de cera y que hoy sólo quiere ser él.
Me voy.
Me despido con más hambre, las rajas me esperan.