viernes, diciembre 22, 2006

Crismas pic

En un lejano lugar, una tierra muy lejana, el Inmundo Animal algún día tuvo visos de una vida feliz.
Maldita infancia, ¿porqué eres tan corta?
El chaparrito soy yo. Mi hermano alfonso me abraza, el wey agachó la cara cuando accionaron la cámara. Qúe porte el mío, ¿no?
Esos días en casa se respiraban otros aromas.
Se vivía más lento, me enojaba menos, quizá lloraba más. Pero era vida. Esos días sí eran vida.

Diciembre me gustó pa'que te vayas

¿Qué pasa por la cabeza de papá cuando se le llena de mierda esa bocaza?
Escupe. Escupe. Escupe.
Hiere, descuartiza, mata, ignora, critica, evade.
Ira, irracionalidad, su machismo, esos son sus argumentos.
¿Así será mi navidad?

martes, diciembre 19, 2006

Temporada de corazones rotos

Así dijo.
Y fue contundente la frase vía msn.
Y es que a la puerta de la oficina se escuchaba el canto de una dama.
Acompañada con una canción de fondo… una de Amanda Miguel.
El me mintió, él me dijo que me amaba y no era verdad. No me amaba nunca me amó.
Así sonaba la voz de la esposa de Diego Verdaguer.
Si uno en sus aires morbosos se acercaba, podía ver cómo adentro de un automóvil negro —un Mercury, creo— la mujer berreaba la canción. Caguama en mano entonaba a su modo la canción.
Mentiras, todo era mentira. Palabras al viento. Oh Dios tú que estás en los cielos, tú que eres tan bueno, que no quede huella de él en mi cuerpo…
Y la ñora le ponía un tono, una emoción.
¿Le habrán roto el corazón?
En una de esas perdió la voz. Bajó de su auto, pero la canción no terminó.
Él me mintió, él me dijo que me amaba y no era verdad.
Y ella solita comenzó a decir: ¡Me quiero morir, me quiero morir!
Dentro del Oxxo, ahí a unos metros de donde bebía su cerveza, el dependiente movía la cabeza con cierto dejo de dolor, como arrepentido de haberle vendido la caguama.
Así me dijo Cobayo, concluyó en que esta es temporada de corazones rotos.

lunes, diciembre 18, 2006

La maldición de no ser fotogénico

Nótese.
Del día de mi examen profesional solamente tengo esta fotografía, en la cual, me veo de la rechingada.
Si hicieramos un concurso de... qué es lo que le pasó al Inmundo Animal cuando fue tomada esta fotografía podríamos poner varias opciones.
a) Es un enanito que no alcanza a salir.
b) Un perro rabioso lo ataca mientras accionaron la cámara.
c) El calzón le molesta y por eso tiene que jalarlo desde la profundidad de su ser
d) Simplemente es retrasado mental.
e) Es el típico chistosito que hace las peores caras para arruinar imágenes.
Eliga la que usted guste. Cualquiera, como mi pose en la foto, es patética.

Ya lo dijo el Chómpiras

Ah por cierto... dijera la sabiduría chespiriana: "Dígame, licenciado".
Pues los tres cochinitos que están en la picture ya estamos titulados. Nos fue bien en el examen de la universidad y el Pacheco (derecha, alias Carlos Pacheco, fotografo de Notimex), la Dector (alias Bárbara ector, fotógrafa de la Agencia Golfo-Centro) y su su servilleta, el Inmundo Animal pues ya semos licenciados. Ellos y varios conocidos y amigos míos, egresados de la chUpaep pues por fin nos titulamos.
La pic nos la tomó... ay no me acuerdo... pero fue en medio de la espera del góber precioso a su arribo al Festival Étnico de la Matanza, en Tehuacán, hace unos mesesillos. Estábamos muertos de calor. Se nota.

Cadáver decembrino

“Te estás avejentando Edmundo”, así lo dijo, como es su costumbre.
Sin miramientos ni compasión Selene casi casi me lo escupió en la cara.
¿Será cierto? Me estaré avejentando o simplemente maduro... ¿o me vuelvo más duro? Tan duro como el cascajo.
No sé. Cada que me quito la barba, es como si me despegara una máscara, hasta arde y no precisamente porque me irrita horrores, es más, siento que me quito años de encima, siento que vuelvo a ver al chamaco aquél que sonreía con facilidad mientras se dibujaban los hoyuelos en las mejillas.
Recién encontré una fotografía donde así aparezco, de siete años y con una sonrisa bastante genuina. Apenas perdí la imagen de vista, si la encuentro prometo postearla.
En ella sale el Inmundo Animal con una chamarra de cuero que le encantaba porque la utilizó en un bailable de Vaselina donde se sintió Danny Zucco.
Así aparecía, con pose de catrín presumo mis zapatos mientras guardo las manos en las bolsas del pantalón de vestir. Todo un galán recién entrado a los siete años. No recuerdo a ciencia cierta si mi hermana Blanca tomó la fotografía. Creo que sí, en esas fechas le iba de maravilla cuando trabajaba en Banamex. Casi cada tercer día Blanca estrenaba rollo —entre otras cosas— y me ponía entre sus muñecos de peluche. Las poses eran un poco ridículas pero me encantaba salir en ellas.
En esa ocasión me puso frente al árbol de navidad. Y yo que ni pintado, creído y emocionado con mi chamarra de cuero.
Esa sería la navidad del ‘90 o del ‘89, ya no recuerdo.
Pero ese año mi madre había adornado el árbol con esferas doradas y de color plata, moños rojos y mucha nieve artificial. El pelo de ángel ya no le convencía así que íbamos a Hidalgo por un poco de heno para colgarlo en el oyamel.
Esa era su costumbre, comprar un oyamel, una especie de pino enorme que en Tecochtenco, una comunidad de Tenango, se daba por borbotones. Ahí, en ese pueblito a media hora de Necaxa era donde mis padres tenían sus compadres.
Cada año solíamos visitarlos, les llevábamos esferas de Chignahuapan y ellos, en complacencia terminaban haciendo tremendo descuento a uno de los árboles que por centenares vendían.
En casa era todo un proceso aquello de la navidad.
El Poncho y mi padre amarraban el árbol al toldo del carro.
Ya en casa, mi padre hacía una cruceta, nivelaba el tronco y la clavaba en forma de base.
Mi hermano y yo vaciábamos las cajas de muñecos para el nacimiento. Mi madre acomodaba papel periódico, cajones y cajas debajo del árbol. Después montábamos pedazos completos de musgo traído de El Salto. Dejábamos agujeros que rellenábamos con espejos circulares para simular lagos. Ahí colocábamos los cisnes, quizá las piezas consentidas de mi madre.
Entre las montañitas que mi madre dejaba se armaban puentes o se improvisaban pozos. A mis hermanas les tocaba colgar las esferas, hacer moños, a mi hermano probar las series. Mi padre las colocaba. Yo nomás veía. Y también los vecinos. Había quien pedía permiso para que sus hijos visitaran tremenda maqueta de Jerusalén, muy a la mexicana, claro.
Con los años, por cada hijo que se iba, por aquello de intentar su propio hogar, a los demás se nos agregaban tareas.
Claudia dejó de hacer moños.
Miriam dejó de limpiar los muñecos del nacimiento y colocar el musgo.
Blanca dejó de tomar fotos y comprar esferas.
El Poncho dejó de bajar los muñecos del tapanco y tampoco probó las series ya.
Ya después la tarea tocaba a Papá, mamá y a mí, nos echaba la mano Carmen, quien casi fue mi nana.
Nunca fue pesado, incluso a veces mi madre se adelantaba en uno de sus desplantes de hiperactividad. Bien me tocó ver ya toda la casa arreglada cuando volvía de la secundaria.
Años después, cuando ya nada más quedaba yo como hijo de casa, mi madre optó por el árbol artificial.
La casa dejó de perfumarse por aquél pino, pero ya la enfermedad de mamá era condicionante de su entusiasmo por los arreglos navideños.
En su cama invirtió más tiempo en probar con las figuritas de fieltro.
La primer navidad sin ella fue muy difícil.
Papá no pudo ni probar las series.
Mi hermana Claudia terminó haciendo todo.
Quien lo dijera, ahora Claudia es la única de mis hermanos que no está invitada a la mesa de mi padre el próximo 24 de diciembre.
Y yo, pues yo me estoy avejentando.
Lo noto cuando recuerdos como estos me derrumban más de lo que me pudieran sostener.

Felices fiestas

Al parecer la mayoría se impuso.
Papá decidió celebrar navidad con sus hijos.
Abrirá su fortaleza de hierba para ellos.
Hace unos meses provocó que buscara hogar sustituto para navidad.
“Vete buscando en dónde quedarte, que me voy a ir a Cancún o a Puerto Vallarta”, dijo.
“Ay wey”, pensé. “Desterrado de lo poco que tengo por casa para navidad”.
Ya me había hecho a la idea, incluso había recibido varias invitaciones para las fiestas.
Pero resultó que mi hermano recién me pregunto vía mensaje de dos vías:
“Y qué, cuándo te dan vacaciones para navidad”.
Yo hice mi drama, pues ya sentenciado por mi padre, decidí decirle a mi carnal que no había muchas ganas de darse una vuelta por Venta Grande, menos si mi padre andaba tostanto su palidísima piel en cualquier playa de su egoísta agrado:
“Pues quedarme acá en Puebla. Papá no quiere hacer nada, dice que se va a la playa”, me acusé con mi hermano mayor.
Y como últimamente mi padre y el Poncho andan retecercanos, pues mi carnal se indignó por aquello de no ver a su progenitor y el resto de la camada en navidad.
Tres horas más tarde la esposa de mi padre casualmente se comunicaba conmigo:
-Cómo estás Mundo, oye, que tu papá siempre sí festeja acá mientras ustedes vengan. Poncho dice que vendrá, Blanca dice que viene si sus suegro se van a Chiapas, y Miriam pues viene. ¿Y yú?
-Ah pues yo ya estaba buscando albergue navideño porque mi padre sentenció su 24 de diciembre en la playa... pero si así están las cosas yo les caigo desde el 22 o 23.
-No pues tu papá dice que si vienen acá el 24 pues nos vamos el 31.
-Ah, perfecto. Porque entro a la chamba desde el primero o dos de enero. Entonces nos vemos...
Y zaz. Ahora sí tengo donde pasar navidad.
Resulta que hará dos años que mi padre se mudó a tal pueblo.
La verdad es que muy poco emocionante me resulta imaginar el itinerario de ese 24 de diciembre. No sé porqué tengo esa necesidad de pasarla con lo que queda de mi familia. Aunque sea en esa fría casa, en ese pueblo olvidado, donde los niños andan mugrosos y con los mocos en la cara. En ese lugar donde huele a estiércol de borrego y se ve pastar a las vacas en lo que deberían ser las calles.
Vaya, no sé si es mi hogar. Ya no sé.
Pero es donde está mi padre. De lo poco que me queda, de mis pocos motores en esta vida de la que cada día luzco más desencantado.

domingo, diciembre 10, 2006

Señal

Salí corriendo. Quién sabe porqué. Me estaba asfixiando en ese salón de clases. El traje y la buena finta ­-la barba afeitada, la corbata, los zapatos lustrados- me ahogaban.
Terminé en 45 minutos.
Tomé cinco minutos para respirar en el vestíbulo de la universidad. Me topé con Falcón, el profe al que sentí que no le agradé. Me saludó con una sonrisa, agradeció mi tarea entregada extemporáneamente.
Me puse los audífonos. Suzanne Vega y el coro de “Tom’s dinner” me acompañó en la histeria. Lo repetitivo de la canción me llevó a caminar varias cuadras hasta que me vi en los rumbos de mi casa.
Ahí mismo me sorprendí. Había escapado de varios miedos. Quizá por eso salí corriendo.
Cuando lo noté estaba en la esquina de la 21 sur y la 25 poniente. En ese momento comenzó, como en cinta de González Iñarritu, una canción y un choque. "Hopipolla" de Sigur Ros sirvió de fondo para que al dar el rojo en el semáforo una dama se amarrara en su camioneta.
Detrás del vehículo de doble cabina se impactaron dos automóviles más.
Inmóvil me quedé, como si presenciara una señal.
No hubo heridos.
¿Será una señal?

domingo, diciembre 03, 2006

Por cierto

Mi país sigue vivo

Lila movida


Lo prometido es deuda. Prometí poner una foto con Lila Downs.
Después de la rueda de prensa a los reporteros nos salió el fan que llevamos dentro. Y aprovechando ya el acceso VIP pues a darle con la Lila.
No pensé en verla tan de cerquita, por eso ni llevé cámara.
Los que sí llevaron, muy previsores, fueron la Tuza y el Yorch.
Cuando la Tuza pidió foto con Lila yo nomás me le pegué.
Sí, me colé.
En la foto me colé.
Pero para mi mala suerte la tomaron movida.
Fue en la única en que me colé, pero fue la única que me tomaron con Lila Downs aquél 2 de noviembre.
A un mes he aquí el recuerdo.
Eso me pasa por gandalla.

jueves, noviembre 30, 2006

Depresión de principio de sexenio

Acabo de ver al presidente electo.
En la tele.
Ahí se hizo presente.
Y esa imagen sigue sin convencerme.
Acabo de ver al presidente que se va, al de la transición.
Pues me dio lástima que el país se le fue de las manos como la banda presidencial al entregarla.
Acabo de darme cuenta que comienza la depresión de inicio de sexenio.
Sigo intrigado por lo que pasara en unas horas.

Me lo devuleven como estaba

Sí. Todo mundo ya sabe que Violenta Lagunes se puso a tirar coca-colas, aguas y demás objetos desde la Tribuna de San Lázaro.
Sí. Todo mundo vio cómo El Universal.com la ha ridiculizado incluso dedicándoles medio segundo de uno de sus videos, la exhibe pues, montada en la Tribuna, sin zapatos y con ánimo para que el desmadre siga en San Lázaro.
Lo que todo mundo no sabe es qué va a pasar mañana.
Mañana armen sus apuestas.
¿Tomará posesión Calderón?
¿Habrá golpe de estado?
¿Volará nuevamente ese finisimo diputado perredista mejor conocido como "El Tarzán"?
Quién sabe. Yo quiero mi país como estaba.
¿Será que aún tiene vigencia la garantía?
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Por cierto, la foto me la chacalieee de El Universal.com, hay muy buenos ángulos de la diputada poblana del distrito 9 ahí. Llévelaaaas...

jueves, noviembre 23, 2006

En un cuarto barato de hotel

Y ahí estabas tú.
Tirado en la cama de hotel.
Con un sabor a salado desperté esa mañana.
Una noche antes nos perdimos en la carretera entre Veracruz y Papantla.
Estaba muerto de miedo y el camino mucho muy oscuro.
Recuerdo que al pueblo de pescadores llegamos como a las 3 de la madrugada. Ocurrencia tuya la de manejar de noche.
Había norte en el puerto, pero no nos quitó el ánimo.
A pesar de la madrugada había gente en el zocalito de aquél lugar.
Encontramos hotel por pura coincidencia.
Esa noche te soñé como cualquier mañana en tu casa.
Lo poco coherente de mi mente comenzaba a dibujarte poniéndote la camisa y atando las agujetas de tus zapatos.
Te añoré así.
Para siempre.
Entre sueños me decidí por ti.
De una vez por todas.
En un cuarto barato de hotel.

Mal tiempo, buena rola


Hold you in my arms
I just wanted to hold
You in my arms

Tengo que hacerlo.
Ustedes disculparán, pero al mal tiempo buena rola. Y aunque los fríos, la onda gélida y mis deudas anden de la chingada pues no me acongojo.
Y si ya están hartos de tanta queja del Inmundo Animal, pues hay que ponerle diversidad al asunto.
Así que tengo que hacerlo y confesar que últimamente me pongo a saltar cada mañana mientras me ducho cantando rolas de Muse, sí, y lo hago con mi pésimo inglés y mi peor aún oído musical.
Tengo la manía de escuchar una y otra y otra vez una canción que me gusta bastante. Y últimamente el iPod no para con “Starligth”.
Cada que puedo grito el coro, de manera descarada…
Aunque sea en la redacción y la Pau me vea feo.
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Por cierto, los de la foto son los de Muse.
Sí, me la chacalié de la web.

Sin pelos en la cara

Y que la Karlita se me queda viendo retefeo.
Pero retefeo. Con cara de “¿Qué te pasó?” me vio como unos tres segundos que parecían tener todo el poder del Tribunal Santo Oficio en la mirada.
—¿Mi’jo qué te hiciste? Te ves raro…—dijo la reportera de CAMBIO y Estilo (algo así como nuestra sección de Sociales) con todo su tono culichi.
—Nada…
—Sí, te ves raro
—Ah… ¿será la barba?
—Ay sí, con razón, ¡te noté con más cachete!
Fin del diálogo.
Y pues sí, me quité la barba.
No posteo fotos sin mi barba porque no me gusto así.
El colmo es que con estos fríos, la extraño más. Se fue con el viento de noviembre.

miércoles, noviembre 22, 2006

Quiero chillar

Veo la taza de té de manzanilla y mis nudillos siguen frotándose.
Hubo cinco minutos en los que me dieron ganas de chillar.
Y no es porque a mis bisagras les falte grasa, pero chillo porque estoy hasta el cuello.
De deudas, preocupaciones y demás.
Resulta que el martes recibí un mail dirigido a los ex alumnos de la Chupaep que estamos a punto de titularnos.
En él se indicaba que todas (toditas, todititas, todas) las deudas tenían que ser liquidadas a más tardar el viernes si todavía aspiramos algún día a tener el maldito título.
Además urgían a que lleváramos los requisitos para la dichosa titulación, desde fotos hasta copia de la copia certificada del famosísimo Curp. U know, el documentillo aquél que algún día según sustituirá a la romántica acta de nacimiento.
Pos bueno, al trámite burocrático-escolar, le sumo mis deudas.
Desde septiembre me atrasé en tres (¿o cuatro?) de las colegiaturas del multicitado curso. Ya tengo un plan de financiamiento para la deuda, o sea endeudarme más, al puro estilo neoliberal. Más deuda, más beneficios, dirían los cerdos capitalistas.
En fin, quiero chillar.
Y encima, viene el examen para la titulada
100 reactivos.
Mínimo tengo que acreditar 70 de las preguntas. Todas son cerradas y serán sobre las asignaturas que he tomado en el curso.
La fecha del examen es el 9 de diciembre.
Sigo viendo la taza de té, me muerdo las uñas y quiero chillar.

martes, noviembre 21, 2006

3 segundos


And when it stops,
it stops,
My heart stops beatin'


Cuando harto ando -como ahora me siento-, cuando de repente se me va la tranquilidad, cuando me desespero, es cuando he recurrido a la voz la Torrini.
Así, con su 'Hartstopper', recupero tres segundos de aliento.

lunes, noviembre 20, 2006

¡Pinches ratas!

Muy presto y dicharachero me disponía a hacerme mi café en la oficina cuando descubrí que mi taza fue robada.
Taba rebonita. ¡Incluso apoyé a una causa noble cuando la compre!
Era de la Unicef y tenía dibujado un mundo.
Chale, por eso era la mía.
Bueno, como sea.
Pronto iniciarán las investigaciones.
Tengan miedo.

lunes, noviembre 06, 2006

Que siempre no.

Ya lo sé.
Bien conozco que no soy un Adonis.
Es más, soy Inmundo.
Y así me gusto.
Por lo pronto les dejo la foto con la barba media crecida. Y les comunico: ¡No me van a meter cuchillo!
A mi padre se le hinchó la gana (porque no sólo en este blog se me hinchan los huevos) y pues terminé consultando al médico familiar, al doctor Cisneros.
Me checó una vez más, todo y a profundidad. Resulta pues que aquella bolita en el polo inferior de mi testículo derecho se puede borrar con medicamendo.
Y cuando ya me había hecho a la idea de que me someterían al bisturí pues... fiú. La libré.
Prometo tener escritos más agradables.
__________
*Ah la foto se la debo a la Tuza.
La tomó recién llegados a las nuevas instalaciones de CAMBIO.
Por cierto hablando de fotos, pronto, muy pronto, postearé una donde Lila Downs, la Tuza y su servilleta terminan ligados. Je. Otra chocoaventura.

jueves, octubre 26, 2006

Está bien, no he posteado desde hace mucho, je.
Y ahora solamente postearé un remake, je.
Sí. Algo ya publicado pues lo refritearé para este decente blog. Desde CAMBIO pues me chacalie la que fue mi crónica sobre la marcha gay de la semana pasada. Me agradó. Me gustó.
Y sin querer terminé dedicandola a alguien...

Provoca golpes de pecho la marcha del Orgullo Gay en Puebla

“¡Jesús mío, no
hay vergüenza!”


Edmundo Velázquez / Una anciana se detiene en la esquina de Reforma y la 11 sur, espeta casi un salmo entre dientes, lo culmina diciendo: “No hay vergüenza, Jesús mío, no hay vergüenza”. La dama atina a decir eso cuando ve a un montón de personas que a lo lejos parece que se destinan a un carnaval. Groso error, es el colectivo Lésbico, Gay, Bisexual, Transgénero y Travesti que se dirige hacia al zócalo.
Así, enfundados en botas de tacón de aguja, en trajes de chaquira y lentejuela, con maquillaje en la cara, con el porte de un muy macho vaquero, con diamantina en los pómulos y plumas a los hombros, se llevó a cabo la marcha del Orgullo Gay 2006 en Puebla.
Así, unas 300 personas desfilaron ante la sociedad poblana, frente a los ojos atónitos de unos, burlones de otros, satíricos de ellos mismos, haciendo mofa de su propia estampa, de su amor, de su estilo de vida, de su forma de hablar, de vestir y de vivir.

“Y todos me miran, me miran, me miran…”
A grito pelado el colectivo va sonrojando a los mirones, a las banqueteras. “¡De noche de día, que viva la putería!”, “¡Fox con botas, también es una jota¡”, “¡Pinche gobierno, cuéntanos bien, no somos uno, ni somos 100!”, gritaba el padrote de los travestis del Paseo Bravo, a quien dicen le apodan“La Minowana”, o también se le conoce como “La Minos", aunque ninguno de sus regenteados conoce su verdadero nombre.
Él y un travesti más llevan en sus manos una pancarta con los bordes emplumados y sentencian consignas a favor de la tolerancia. “La Minos”, más con pinta de mataputos que de elegante pachuco, administra los poco imaginativos cánticos que se entonan desde el jardín del Cerro de La Paz. Así siguió la comitiva por la avenida Juárez y terminó en el zócalo; aunque en esta ocasión se dice que son menos los marchantes que en años anteriores. Será por el retraso de los festejos de la Semana Cultural Lésbico Gay que ahora tuvieron que esperar primero a que terminaran las elecciones y después el mundial de Alemania 2006.
Por lo pronto las jotas se olvidan del típico “I will survive” de Gloria Gaynor, ahora el himno gay parece ser entonado por Gloria Trevi, “Y todos me miran”:

Y me solté el cabello, me vestí de reina / me puse tacones, me pinté y era bella / y caminé hacia la puerta, te escuché gritarme / pero tus cadenas ya no pueden pararme / y miré la noche y ya no era oscura, era de lentejuelas….

Y en efecto, damas, caballeros y niños observan dos camiones de carga con muchachos en microshorts, travestis, ángeles en extremo musculosos y lesbianas quinceañeras con antifaces emplumados.

¡Y todos me miran, me miran, me miran! / ¡Porque sé que soy linda, porque todos me admiran! / Y todos me miran, me miran, me miran / porque hago lo que pocos se atreverán / Y todos me miran, me miran, me miran / algunos con envidia pero al final, pero al final pero al final, todos me amarán…

Termina la canción y aquellos montados en el camión comienzan a gritar a los lados. “¡Banquetera, únete, banquetera, únete!”, gritan al unísono a un par de muchachitas. “Si no somos lesbianas”, dicen las dos, una de ellas casi se persigna. La otra se sonroja.

Comitiva familiar
Como lo gay friendly está de moda, no faltan las madres que buscan educar en la tolerancia a sus hijos. No faltaron los pequeños que orgullosos estaban del show, con bandera de arcoiris en mano o con antifaz iban danzando sobre los automóviles.
“Es más familiar esta marcha que la del Distrito Federal —dicen los padres de familia—. Ésta sí sirve para educar, es más sana, acá sí puedes traer a tus niños”.
Por si diversión les faltara a los pequeños, un drag queen que viste de amarillo limón, llama la atención de los niños.
Mientras tanto, los travestis siguen soñados, así que “Nuestra Belleza Gay” no sobra. Sobre un carro desfila detrás del primer camión.
“No, mi amor, me gusta por detrás…”, reza el coro de la melodía que suena en el zócalo de Puebla, la cual sirve como cualquier pretexto para que dos damas se besen, se tomen de la mano. Los hombres tampoco temen a abrazarse, se roban besos, se pasan el dulce de boca en boca, mientras reparten condones y una que otra anciana curiosa sigue sin volverle el alma al cuerpo.